La resurrección de Lázaro, acuarela de Jean-Jacques Lagrenée el Joven. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: "Señor, al que tú amas está enfermo". Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella". Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea". Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá". Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección el último día". Jesús le dijo: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá, y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?". Ella le contestó: "Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo". Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: "¿Dónde lo han enterrado?". Le contestaron: "Señor, ven a verlo". Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo le quería!". Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podría haber impedido que este muriera?". Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: "Quiten la losa". Marta, la hermana del muerto, le dijo: "Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días". Jesús le replicó: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?". Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado". Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, sal afuera". El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo y déjenlo andar". Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él» (Jn 11, 3-7-17.20-27.33-45).
Estamos llegando al final de la Cuaresma y la liturgia de hoy nos presenta la resurrección de Lázaro. El texto es muy conocido y, próximos a la celebración de la pasión del Señor, resulta muy significativo. Lo que está en juego en la vivencia del misterio pascual es creer en la resurrección. Como dijo Pablo a los Corintios: "Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe" (1 Cor 15, 14). ¿Creemos nosotros en la resurrección?
"Jesús resucita a Lázaro y todos los que estaban allí creyeron en él. En la actualidad también muchos podrán creer en Jesús, si ven la coherencia entre nuestra fe y nuestro actuar": teóloga Consuelo Vélez.
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Precisamente, a la luz de la experiencia vivida por los amigos de Jesús, a quienes el mismo texto dice que Jesús amaba mucho, es que podemos poner a prueba nuestras creencias. Lázaro se enferma y, aunque Jesús sabe de su enfermedad, tarda en llegar. Por eso Marta, en cierto sentido, le reprocha a Jesús: "Si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano".
Tras estas palabras, Jesús le dice a Marta que su hermano resucitará. Ella reafirma su fe judía en la resurrección al final de los tiempos. Pero Jesús va más allá: se le presenta, él mismo, como la resurrección y la vida y le pregunta si ella lo cree.
Y ahí es entonces cuando se da la confesión de fe, fundamental en este texto. Marta responde: "Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios". Notemos que esta confesión de fe de Marta es igual a la que hizo Pedro cuando Jesús les pregunta a sus discípulos: "¿Quién dicen ustedes que soy yo?". Pedro contesta: "Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). Es muy importante recuperar el papel de las mujeres como confesantes de la fe en la resurrección, en igualdad con los varones, porque han sido muchos siglos de invisibilización y no reconocimiento del papel que jugaron ellas en la recepción y expansión del cristianismo.
Lo anterior nos permite decir que los cristianos somos confesantes y testigos de la resurrección de Cristo. En el texto sabemos que Jesús resucita a Lázaro y todos los que estaban allí creyeron en él. En la actualidad también muchos podrán creer en Jesús, si ven la coherencia entre nuestra fe y nuestro actuar.
Finalmente, la resurrección comienza en el aquí de nuestra historia, en la medida que defendemos la vida y luchamos porque sea digna y plena. Que la proximidad de la celebración de la Semana Santa interpele nuestro compromiso histórico de transformar las situaciones de muerte en situaciones de vida para que participemos de la vida definitiva que viene de Cristo, el Hijo de Dios vivo.
