¡Apártate de mí, Satanás!, acuarela de James Tissot, 1886-1894. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras"» (Mateo 16, 21-27).
En el Evangelio del domingo pasado vimos la confesión de fe mesiánica de Pedro. Hoy el Evangelio nos habla de todo lo contrario. Frente al anunció que Jesús hace de su pasión, Pedro lo reprende y le dice que Dios no permita que le ocurra todo eso. Jesús, entonces, le responde con una expresión bastante fuerte: “¡Apártate de mí, Satanás!”. A ese mismo Pedro que le había confiado las llaves de la Iglesia en el Evangelio del domingo pasado, ahora lo reprende con la misma expresión del pasaje de las tentaciones cuando Jesús es tentado por el diablo (Mt 4, 10).
“Cuando está en juego la fidelidad al reino no caben prevenciones, temores, o deseos de evitar las dificultades": teóloga Consuelo Vélez, en comentario al #EvangelioDelDomingo, serie #AlPartirElPan. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
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Podríamos pensar que Pedro tiene la buena intención de cuidar a Jesús y salvarlo de cualquier dificultad. Pero recordemos que estos son textos pospascuales donde ya se está interpretando todo el actuar de Jesús a la luz de la fe. Por tanto, el anuncio que Jesús hace de su pasión muestra la fidelidad con que, de hecho, Él supo vivir su misión, fidelidad que habría podido traicionar para salvar su vida. De alguna manera es lo que Pedro le está proponiendo y, por eso, Jesús le responde de esa manera, porque cuando lo que está en juego es la fidelidad a los valores del Reino no caben prevenciones, temores o deseos de evitar las dificultades.
En la segunda parte del texto Jesús aprovecha lo acontecido con Pedro, para recordarle a sus discípulos las condiciones que se piden para el seguimiento. Este exige la disposición a asumir la cruz que trae el rechazo y la no aceptación del reinado de Dios, e incluso la posibilidad de perder la vida cuando la fidelidad a la misión así lo exige. Los auténticos discípulos son los que no temen identificarse con Jesús, en su pasión y muerte, para alcanzar con Él la resurrección.
El texto termina con la visión escatológica de la venida definitiva del Hijo del hombre, quien ha culminado la obra del Padre y llevará consigo a todos aquellos que entendieron su mensaje, realizando las obras que hacen posible el Reino de Dios.
Que el Señor nos regale 'no pensar como los hombres' sino entender 'el pensamiento de Dios', siguiéndolo con todas las consecuencias.
