Camino en medio de un campo de lavandas. (Foto: Pexels/David Bartus)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«No se inquieten. Crean en Dios y crean en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se los habría dicho, porque voy a prepararles un lugar. Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino para ir a donde [yo] voy. Le dice Tomás: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?". Le dice Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto". Le dice Felipe: "Señor, enséñanos al Padre y nos basta". Le responde Jesús: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conocen?. Quien me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿cómo pides que te enseñe al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está en mí es el que hace las obras. Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, créanlo por las mismas obras. Les aseguro: quien cree en mí hará las obras que yo hago, e incluso otras mayores, porque yo voy al Padre"» (Juan 14, 1-12).
Continuamos el tiempo de Pascua y el Evangelio de Juan nos sitúa en la dinámica de la fe. Jesús mismo pide a los suyos creer en Dios y creer en él. En la medida en que crean, se disiparan sus inquietudes, temores, miedos. Por eso Jesús les dice: “No se inquieten”. Y la razón es que Jesús se presenta como aquel que nos abre la puerta de la salvación, expresado en la imagen de quien va a prepararnos el lugar a donde nos llevará, que no es otra realidad que la casa del Padre, es decir, la vida con Dios.
"La voluntad del Padre está claramente expresada en el actuar de Jesús, y la llamada es a vivir como él vivió y realizar las obras que él realizó": teóloga laica Consuelo Vélez, comentario al Evangelio del V domingo de Pascua
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Más aún, Jesús les dice que ellos ya conocen el camino. Pero Tomás dice que no saben a dónde van y, por tanto, no conocen el camino. Es ahí donde Jesús se revela como “camino, verdad y vida”, camino para llegar al Padre, porque él es el revelador del Padre. Quien conoce a Jesús, conoce al Padre.
El relato del Evangelio continúa mostrando las dudas de los discípulos. En este caso es Felipe quien le pide que les enseñe al Padre y eso les bastaría. Jesús, con cierto tono de reproche, le dice: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes y ¿todavía no me conocen?”. Es decir, las obras de Jesús revelan al Padre y ellos han sido testigos de esas obras. Jesús no ha actuado por su cuenta. Él ha realizado las obras que Dios quiere, porque vive en perfecta comunión con su Padre. Jesús sigue insistiéndoles que crean en él y en el Padre y en la comunión de vida que ellos tienen.
Este Evangelio puede interpelarnos frente a las tantas veces que seguimos preguntando cómo seguir a Jesús mejor, cuál es la voluntad de Dios, qué debemos hacer, etc., preguntas que son importantes en el sentido de estar en actitud de disponibilidad y de querer vivir más comprometidos, pero que pueden evadirnos de lo que ya conocemos, de lo que nos ha revelado Jesús con sus palabras y obras y que no llegamos a poner en práctica.
La voluntad del Padre está claramente expresada en el actuar de Jesús, y la llamada es a vivir como él vivió y realizar las obras que él realizó. Si entramos en esa dinámica de seguimiento de la vida de Jesús, haremos obras mayores que Jesús, no en el sentido de más majestuosidad o relevancia, sino en la capacidad de responder a los desafíos actuales con los valores del Evangelio, mostrando la eficacia de la buena noticia también para nuestro tiempo.
