Un fresco en la celda de san Benito en el monasterio de Montecassino, en Cassino, Italia, representa a Benito llorando tras haber previsto la destrucción del monasterio. La inscripción en latín dice: "Aquí previó y lloró la destrucción del monasterio". (Foto: Global Sisters Report/Helga Leija)
Pronto, los benedictinos celebraremos la fiesta de san Benito. A diferencia de la mayoría de los santos, Benito tiene el privilegio de contar con dos celebraciones. El 21 de marzo conmemoramos su muerte; el 11 de julio celebramos su vida y la gran influencia que tuvo en el monacato y en la civilización de su tiempo. Benito es conocido como el padre del monacato occidental y el patrono de Europa. ¿Cómo llegó un solo hombre a tener una influencia tan grande?
Benito vivió en un tiempo de turbulencia, probablemente muy parecido al nuestro. En su época, sus monasterios fueron guardianes de la civilización. Eran refugios seguros que preservaban la literatura y desarrollaban técnicas agrícolas. También eran fuentes de sustento y alivio para los peregrinos y los pobres.
La Regla de san Benito se convirtió en modelo para los monasterios de su tiempo. Conocida por su moderación y sencillez, era fácil de seguir para otras comunidades monásticas. También reflejaba un profundo conocimiento de la condición humana, con sus debilidades, pero también con su capacidad de crecer en la vida espiritual.
"Si viviéramos así, habría menos basura en nuestros océanos y en los países del llamado tercer mundo": Hna. Helen Mueting sobre la vigencia de #sanBenito y el cuidado de la creación en la vida benedictina. #GSRenEspañol #HermanasCatólicas
Tumba de san Benito y santa Escolástica en la abadía de Montecassino, en Cassino, Italia, junio de 2026. (Foto: Global Sisters Report/Helga Leija)
El modelo benedictino de Ora et Labora ha influido en la vida de hombres y mujeres durante más de 1500 años. El equilibrio entre la oración y el trabajo es la tarea diaria de cada monje o monja benedictina. Diez rasgos fundamentales ayudan a dar forma a la vida benedictina, tanto para los monjes y monjas como para las instituciones que han fundado:
Amor a Cristo y al prójimo: Benito pide a sus monjes que traten a toda persona que encuentren como si fuera Cristo. Cada persona debe ser tratada con respeto, amor y misericordia.
Oración: La vida benedictina tiene un ritmo diario de oración. Esto incluye la oración litúrgica comunitaria en horarios establecidos, la atención contemplativa y la lectura meditativa (lectio divina).
Estabilidad: Los benedictinos hacen un compromiso de por vida con una comunidad concreta. Buscan cultivar relaciones con quienes han compartido ese mismo llamado.
Conversatio: Los benedictinos saben que la conversión es un proceso permanente. El crecimiento personal toma tiempo y perseverancia. No ocurre automáticamente al entrar en una comunidad; es una obra de toda la vida.
Obediencia: Los benedictinos no siguen reglas de manera ciega. La clave de su vida es la escucha: a quienes tienen autoridad, a quienes comparten la vida comunitaria, a los signos del mundo y a la propia reflexión.
Disciplina: El crecimiento espiritual requiere estructura y esfuerzo continuo. Es un proceso constante de aprendizaje.
Humildad: El crecimiento espiritual implica autoconocimiento: reconocer nuestras fortalezas y debilidades, y estar dispuestos a recibir ayuda cuando la necesitamos.
Mayordomía: Los benedictinos están llamados a respetar la belleza y la bondad de la creación como un don sagrado, y a usar los recursos de manera responsable.
Hospitalidad: Como benedictinos, nuestro corazón y nuestras puertas deben estar abiertos para recibir a los huéspedes, a los extraños y a toda persona como si fuera Cristo.
Comunidad: Los benedictinos buscan el bien común, respetando la dignidad y los dones de cada persona. Nos apoyamos mutuamente en el camino de la fe.
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Estos diez rasgos siguen siendo profundamente actuales. Dos que destacan para mí son la hospitalidad y la mayordomía. En un mundo donde hay migraciones masivas de un país a otro, estamos llamados a recibir a quienes deben dejar sus hogares debido a la guerra, la discriminación o el impacto ambiental. Las personas que buscan asilo necesitan un lugar seguro al que llegar, donde puedan cubrir sus necesidades básicas y no vivir con miedo.
El cuidado del medio ambiente también exige nuestra atención. En nuestra cultura de lo desechable, necesitamos ser buenos administradores de la creación. Necesitamos personas que valoren los dones de la tierra, que respeten cada criatura viviente y que estén dispuestas a reutilizar lo que tenemos en lugar de acumular más solo para desecharlo. San Benito nos pedía tratar todo como vasos del altar. Si viviéramos así, habría menos basura en nuestros océanos y en los países del llamado tercer mundo.
San Benito sigue siendo un hombre vigente, alguien que puede orientarnos al afrontar el futuro. Si queremos seguir su ejemplo, necesitaremos corazones abiertos a Dios, a los demás y a las necesidades de nuestro mundo.
Que Dios, cuyo corazón es amor, nos abrace, nos centre y nos sostenga en ese amor. Que el Espíritu sanador de Dios transforme nuestros miedos, la indiferencia y las divisiones en unidad de propósito y de misión. Así como san Benito enseñó a sus monjes a mantener el corazón abierto, que nuestros corazones permanezcan abiertos a nuestras comunidades y a todos aquellos a quienes servimos.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 8 de julio de 2026.
