La adoración de los pastores, fragmento del óleo de Rembrant, aproximadamente en1646. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
«Fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlos, les contaron lo que les habían dicho del niño. Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. Pero María conservaba y meditaba todo en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto; tal como se lo habían anunciado. Al octavo día, al tiempo de circuncidarlo, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido» (Lucas 2, 16-21).
Comenzamos el año con la figura de María, Madre de Dios. Lucas es el evangelista que nos ofrece más pasajes de la infancia de Jesús, y en este texto nos presenta a los pastores yendo al pesebre para ver lo que el ángel les había dicho.
Efectivamente, en ese lugar encuentran a María, a José y al niño y les cuentan el anuncio que habían recibido, razón por la que estaban allí. Curiosamente el texto dice que todos los que los escuchaban quedaban maravillados.
"Hemos de tener cuidado de interpretar la actitud de María como de silencio y de intimismo, porque una lectura así nos ha hecho verla como una mujer dócil, callada, que acepta todo sin preguntar": teóloga Consuelo Vélez
No podemos imaginar que hubiera mucha gente en el pesebre, pero tal vez el texto lo describe así para mostrar el contraste entre todos los que escuchaban a los pastores y María, quien según el texto “conservaba y meditaba todo en su corazón”. El Evangelio continúa mostrando a los pastores regresando a su casa, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.
Sin embargo, hemos de tener cuidado de interpretar la actitud de María como de silencio y de intimismo, porque una lectura así nos ha hecho verla como una mujer dócil, callada, que acepta todo sin preguntar, y esto no ha ayudado a las mujeres a las que se les ha presentado su figura para que acepten su sufrimiento y se sacrifiquen, sea en aras de su familia, de la Iglesia o de la sociedad.
Hoy en día hemos tomado conciencia de que esa actitud vivida por tantas mujeres solo ha llevado a hacerlas víctimas de violencia de muchos tipos, incluida la terrible violencia del feminicidio, en la que asesinan a las mujeres, precisamente por el hecho de ser mujeres.
Hemos de entender entonces que el conservar y meditar todo en el corazón es más una actitud activa de quien interioriza, reflexiona, se pregunta y no deja que las cosas pasen sin que marquen la propia vida. De esa manera se van viviendo con intensidad todos los acontecimientos, sacando mayor provecho de ellos.
Veamos a María con esos nuevos ojos que nos ha abierto la reflexión crítica feminista, para que este pasaje, como todos los demás que meditamos sobre ella, nos comuniquen la fuerza y protagonismo que las mujeres han de tener hoy para que en la sociedad y en la Iglesia se viva esa igualdad fundamental entre varones y mujeres, igualdad que Dios ha querido desde el inicio de su creación.
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