(Foto: Pexels/Sabinakallari)
Hace dos semanas recibí mi bastón de peregrina.
Lo recibí nuevamente, claro, porque en realidad ese bastón es mi compañero desde hace mucho tiempo: 40 años exactamente.
Soy peregrina porque soy misionera.
Una vez más me toca partir: dejar un lugar en el que estoy hace tres años y volver a empezar en otro sitio. Como ya lo he vivido tantas veces, sería muy tonto dudar de Dios y pensar que Él no va a estar allá esperándome, como una y otra vez ha sucedido en cada cambio de casa.
Aún así, cuesta dejar, cuesta partir. Siempre cuesta. Hay mucho mío que va a quedarse aquí. Y existen vínculos personales que se han anudado lo suficiente como para que uno tenga un cierto saborcito a "los estoy abandonando".
"He sembrado aquí; ahora me toca sembrar allá. No somos dueños del campo ni de la semilla. Lo nuestro es caminar, confiar, entregar", escribe la Hna. Susana Pasqualini al partir hacia un nuevo lugar de misión
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Dejar, para poder partir. Dejar en las manos de Dios, en su corazón inmenso. Valorarse en una justa medida de humildad que permita confiar en que todos los que vendrán harán las cosas mejor que yo, cuidarán mucho más a la gente y llevarán adelante los proyectos pastorales dándoles un dinamismo nuevo.
Y partir, despojarse, para llegar nueva al otro lugar. Aunque al llegar se vuelva a experimentar la desnudez de no tener nada, de no ser nadie, de tener que empezar otra vez a construir.
Soy peregrina y también podría definirme como sembradora. He sembrado aquí; ahora me toca sembrar allá. No somos dueños del campo ni de la semilla. Lo nuestro es caminar, confiar, entregar.
Y recibir, también. El peregrino recibe muchos regalos: va libre de equipaje y el camino le da la libertad y la esperanza como hermanas del alma.
Jesús dice en el Evangelio de san Marcos que lo único que el misionero debe llevar es el bastón. Sí, en algo hay que apoyarse. Es la fe. Y esa fe es la certeza de que El dará la gracia para el camino y para el nuevo campo de siembra.
Es la gracia del peregrino, de la peregrina.
