Parábola de los trabajadores de la viña, óleo de Salomon Koninck, 1648. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros. Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: "Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo". Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?". Ellos les respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña". Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros". Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada". El propietario respondió a uno de ellos: "Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?". Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos" »(Mateo 19, 30—20, 16).
El Reino de Dios fue el núcleo de la predicación de Jesús. Para explicarlo, Jesús acostumbraba a contar parábolas. En esta ocasión se refirió a la parábola de los que fueron a trabajar a la viña a diferentes horas del día. Es interesante que la parábola dice que el mismo dueño de la viña salió a contratar obreros. Podría haber ido el administrador, pero no fue así. De esto podemos concluir que es el mismo Dios el que nos busca y nos invita.
"Al Reino de Dios están llamados todos, no importa la hora en la que lleguen": teóloga laica Consuelo Vélez sobre la parábola de los obreros de la viña. #GSRenEspañol #HermanasCatólicas #serieAlPartirElPan
Al ver a los primeros obreros, los contrató por un denario. Salió nuevamente a otras horas del día y fue invitando a todos los que encontraba. Al final de la tarde, salió de nuevo y preguntó directamente a los que encontraba por qué estaban ahí parados todo el día, sin hacer nada. Ellos le respondieron que nadie los había contratado y, entonces Jesús, los invito a ir a la viña.
El meollo de la parábola está a la hora de recibir la paga. Comenzó por los últimos y les dio un denario. Al llegar a los primeros, estos esperaban que les diera más paga, pero les dio, igualmente, un denario. Ellos protestaron porque consideraban que merecían más, ya que habían trabajado durante todo el día. La respuesta del dueño fue desconcertante: "¿No habíamos acordado un denario? Recibe tu paga y no me juzgues por hacer con mis bienes lo que yo quiero". Más aún, les reprocha que tomen a mal que él sea bueno. La parábola termina ahí porque la respuesta que suscita la ha de dar cada uno de los oyentes.
Nosotros podemos deducir varios aspectos. Al Reino de Dios están llamados todos, no importa la hora en la que lleguen. La misma parábola muestra que hay muchos que nadie los ha contratado para ir a la viña. En nuestros términos, podríamos decir que no han sido evangelizados, y esto nos interpela frente a la necesidad de evangelizar.
El texto comienza y termina con la misma afirmación: "Los últimos serán primeros y los primeros últimos". No hemos de confiarnos en haber conocido a Jesús desde siempre, creyendo que eso es suficiente para vivir el Reino de Dios. Es posible que muchos otros que comienzan a conocer la buena nueva del Reino, entren a él y lo vivan a plenitud.
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