Sor Ariagna Brito Rodríguez en la farmacia Divina Providencia del Centro Diurno de Ancianos Cardenal Sancha, en Cuba. (Foto: cortesía Ana Iris Blanco)
Cuba enfrenta hoy una crisis profunda. La escasez de medicamentos e insumos médicos, el deterioro de la infraestructura hospitalaria y un sistema de salud debilitado han provocado brotes de dengue, chikungunya, fiebre del Nilo y otras arbovirosis. A esto se suman los apagones constantes, la falta de agua potable y el desabastecimiento.
Los más vulnerables son los niños y los ancianos. Muchas familias enfrentan diarreas, vómitos y deshidratación, y no tienen acceso a medicamentos básicos. En algunos casos, las consecuencias son mortales.
En medio de esa realidad nació la pastoral Caritatis Úrget Nos (La Caridad Nos Urge). La Hna. Raquel Gómez Ávalos y yo, ambas de la comunidad Jesús es Señor, en Guadalajara, México, impulsamos esta pastoral desde sus inicios. LLevamos siete años enviando medicamentos e insumos a personas enfermas y de escasos recursos en países que viven crisis humanitarias, especialmente Venezuela y Cuba.
"La caridad se traduce en alimento, en cuidado, en medicamentos que alivian el dolor y sostienen la vida": Hna. Ana Iris Blanco Aches sobre la caridad en acción de la pastoral Caritatis Urget Nos en Venezuela, México y Cuba
Sor Ariagna Brito Rodríguez recibe a ancianos a su llegada al Centro Diurno de Ancianos Cardenal Sancha en La Habana, Cuba. (Foto: cortesía Ana Iris Blanco)
La inspiración surgió de mi propia experiencia.
Fui enviada a Guadalajara para predicar durante seis meses y luego debía regresar a Venezuela en agosto de ese mismo año. Sin embargo, mi salud se quebró inesperadamente. En 2017 fui operada con riesgo de cáncer. Hasta ese momento no conocía la gravedad de mi condición. Lo descubrí a raíz de un malestar físico que terminó revelando un problema mucho más serio.
No pude regresar a Venezuela. Ese año tuve dos operaciones. Después vino otra cirugía, luego dos más. Hasta hoy, en 2026, llevo diez operaciones.
Durante todo ese proceso sentí gratitud. Dios había permitido que mi enfermedad apareciera justamente cuando estaba fuera de Venezuela y podía recibir atención médica. Muchas veces me pregunté cuántas personas habrían deseado tener esa misma oportunidad.
En 2019 comencé a sentir una inquietud muy fuerte dentro de mí. Pensaba constantemente en cómo vivía antes en Venezuela. Recuerdo pasar los primeros cinco días de la quincena comiendo una sola vez al día y luego sobrevivir con té de hierbas hasta volver a recibir ayuda económica. También recuerdo no tener artículos básicos de higiene personal. Con el mismo jabón me bañaba, lavaba mi ropa, me cepillaba los dientes y me lavaba el cabello.
No podía quedarme quieta después de haber recibido tanta ayuda y misericordia. Sentí que debía devolver lo que había recibido.
Así comenzó esta pastoral.
Primero trabajamos por iniciativa propia. Después acudimos a la Secretaría de Vida Consagrada y a nuestro obispo, Mons. Juan Manuel Muñoz Curiel, para solicitar el permiso de la Arquidiócesis de Guadalajara. Más tarde comenzamos a visitar parroquias para pedir autorización a los sacerdotes y vender artículos religiosos y cuadros católicos después de las misas. Con ese dinero financiamos los envíos.
Todo lo que hacemos ha sido posible gracias a la generosidad de sacerdotes y fieles.
La Hna. Raquel, que es enfermera, comenzó a clasificar los medicamentos según las patologías, organizar inventarios y revisar cuidadosamente las leyes aduaneras de cada país.
En 2019 enviamos apenas cuatro kilos de medicamentos a Venezuela. Poco a poco la misión creció.
En septiembre del año pasado enviamos 300 kilos a Chiapas, México, donde comunidades indígenas han realizado nueve jornadas de salud con ese material. En octubre de 2025 enviamos 50 kilos a la parroquia San Miguel Arcángel, en el estado Miranda, Venezuela.
Hace dos años comenzamos también a enviar ayuda a Cuba.
La experiencia nos ha marcado profundamente. Hay una alegría muy especial en ayudar a quien no tiene cómo devolverte nada. Escuchar a las personas darte las gracias entre lágrimas cambia el corazón. Muchas veces nos despedimos sabiendo que se quedan orando por nosotras y esperando nuestro regreso. Poco a poco dejamos de ser desconocidas. Nos volvemos familia.
Nuestro contacto en Cuba llegó a través de un amigo, Ricardo Fernández, quien me ayudó a comunicarme con la Hna. Thomasita, una religiosa dominicana que vive en La Habana. Así conocimos a las hermanas Sanchinas y su trabajo con ancianos.
Ellas llevaban tiempo orando por ayuda y benefactores.
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El primer año enviamos 70 kilos de medicamentos. El 11 de febrero llevamos 100 kilos más.
Las hermanas que dirigen el Centro Diurno de Ancianos Cardenal Sancha son sor Gertrudis Abreu Báez, directora, y sor Ariagna Brito Rodríguez, superiora. Su carisma es servir a Jesús en la persona de los pobres y acompañarlos en sus necesidades concretas.
Sor Ariagna nos contó que muchos ancianos caminan hasta dos kilómetros para llegar al hogar y poder recibir un pedazo de pan y un poco de café en la mañana. Muchos padecen artritis, artrosis, diabetes o hipertensión. Aun así, en el hogar se vive un ambiente de fraternidad y alegría.
Las hermanas organizan actividades comunitarias constantemente. Celebran el día de las madres, el día del padre y el día de los abuelos. También realizan manualidades, juegos, ejercicios, momentos de oración y celebraciones de cumpleaños. Además, ayudan con el aseo de ancianos que viven solos o en situación de calle.
Al terminar el día, los abuelos regresan a sus casas esperando volver al día siguiente.
Nuestra misión nos ha enseñado que la caridad se traduce en alimento, en cuidado, en medicamentos que alivian el dolor y sostienen la vida.
Cada envío de medicamentos a lugares necesitados es una forma concreta de acompañar cuerpos reales que sufren, que esperan, que necesitan.
En ese sentido, las palabras de san Juan Crisóstomo vuelven con fuerza a nuestra misión: "¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies cuando lo veas desnudo. No lo honres aquí en el templo con telas de seda mientras afuera lo abandonas sufriendo frío y desnudez".
Cada caja enviada, cada kilo de medicamentos, cada gesto de organización y entrega intenta responder a esa pregunta. Honrar el cuerpo de Cristo es también aliviar el dolor y devolver la dignidad.
La caridad sigue siendo urgente. Caritatis Úrget Nos.
