La 'opción del hijo' y el clericalismo crean una masculinidad distorsionada y tóxica

Favorecer a los hijos por encima de las hijas crea desigualdad en toda la sociedad, incluida la Iglesia, escribe la autora. (Foto: Wikimedia Commons/CC BY-SA 3.0/Mohanatnow)

Favorecer a los hijos por encima de las hijas crea desigualdad en toda la sociedad, incluida la Iglesia, escribe la autora. (Foto: Wikimedia Commons/CC BY-SA 3.0/Mohanatnow)

por Margaret Gonsalves

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Me sorprendió leer en el periódico la noticia de un padre de cinco chicas que vivía en el pueblo de Budaun, en el estado de Uttar Pradesh, y que supuestamente abrió el estómago de su mujer embarazada para saber si esta vez iba a dar a luz a un hijo.

Durante la festividad de Diwali [6 de noviembre], el primer ministro de la India felicitó al gobierno de la ciudad de Ayodhya por haber encendido cientos de miles de luces para el festival de la luz, y aseguró que "Ayodhya está recuperando su gloria". Sin embargo, fue criticado por Surya Pratap Singh, el ya jubilado secretario principal del Departamento de Educación en Uttar Pradesh, quien afirmó: "El Gobierno utilizó 36 000 litros de aceite de mostaza para encender 12 lakh diyas [1 200 000 lámparas de barro]. El 30 por ciento de los habitantes de este estado no reciben roti [pan] todos los días. El Gobierno se ha burlado de los pobres del estado". ¿Acaso no es un comportamiento vergonzoso?

Más cerca de casa, recibí una llamada telefónica preguntando si podía ayudar con los gastos de unas gemelas. La madre de estas niñas me explicó que era madre soltera y que le resultaba difícil ocuparse de su educación y llegar a fin de mes. Al indagar un poco más, me enteré de que el padre había dejado a su mujer y a sus dos hijas gemelas porque esperaba que fueran dos varones para nombrarlos herederos de la familia.

Hace poco estuve dando clases de inglés conversacional a unas chicas de una tribu. La mañana del día en que me iba, recibí la noticia de que el padre de una de las alumnas había muerto por un problema de alcoholismo. Esta alumna era la mayor de cuatro hermanas. Después me enteré de que había sido un suicidio indirecto porque esperaba un hijo en lugar de la cuarta hija.                    

Mientras reflexionaba sobre la raíz del problema, me encontré con un artículo sobre el Manusmriti, un texto legal conocido como las Leyes de Manu. "El Manusmriti ha sido el único responsable en cuanto a la posición despectiva concedida a las mujeres tras el período védico", escribió Sreyashi Ghosh en el portal digital Feminism in India y añadió: "Las mujeres siempre han sido consideradas guardianas del dharma, defensoras y transmisoras de los valores patriarcales".                  

En mi sociedad, por lo general, veo a las madres ocupadas en controlar la moral de las hijas de sus vecinos y olvidándose de la educación de sus propios hijos varones. Si a alguna mujer se le ocurre quejarse de la conducta de un niño vecino, su madre le responderá diciendo: "Los niños son niños; tú, cuida de tu hija". Estas mujeres deberían tener en cuenta el mensaje que encontramos en Proverbios 19, 18: "Castiga a tu hijo mientras hay esperanza" y en Proverbios 29, 17: "Si corriges a tu hijo, vivirás tranquilo". 

"La misma mentalidad discriminatoria que [en India] minusvalora a las mujeres parece actuar en todos los ámbitos de la vida en la sociedad, así como en la Iglesia": Hna. Margaret Gonsalves #GSRenespañol #HermanasCatólicas

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En nuestra Iglesia católica el papa Francisco habla con dolorosa claridad acerca de una de esas raíces: la plaga del clericalismo, que pienso que podríamos afirmar que crea un sistema de castas en el cristianismo católico. Y la 'opción del hijo' es uno de los orígenes de la epidemia del clericalismo. Algunas traducciones de la Biblia, como la versión estándar inglesa, aprobaron la glorificación del hijo como heredero. Por ejemplo, en Juan 12, 36: "Podéis llegar a ser hijos de la luz" y en Gálatas 4, 7: "Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios". 

En su libro La sirena y el minotauro, la psicóloga feminista Dorothy Dinnerstein me ayuda a comprender que "las disposiciones discriminatorias de género no solo han sido perjudiciales para el potencial humano, sino también muy destructivas para el medio ambiente".

La 'opción del hijo' ha cegado a la sociedad humana ante la plena contribución de las mujeres en todos los ámbitos. En mi sociedad india, los hijos varones son considerados los herederos de la familia y los activos de la misma; se espera que cuiden de los padres en su vejez. En cambio, las hijas siguen siendo consideradas un pasivo, ya que tras el matrimonio pasan a ser propiedad de sus suegros o maridos.

En el caso de la población indígena y tribal, las niñas son enviadas a escuelas públicas gratuitas en las que se habla en la lengua local, mientras que los niños, considerados el futuro sustento de la familia, suelen ser enviados a escuelas privadas caras y prestigiosas en las que se les enseña en inglés. Además, las niñas son necesarias para trabajar en la casa, cuidar de sus hermanos menores y ayudar a su madre en las tareas del campo y la cocina.

En todas las culturas indias, en mayor o menor medida, se prefiere el nacimiento de un hijo. Se considera que el hijo es el encargado de preservar el nombre y la herencia de la familia y se le da un trato preferente. Esto también se puede aplicar al sacerdote en la Iglesia. La situación de subordinación de las mujeres se ve agravada por el hecho de que la cultura de la dependencia en la que se educa a las mujeres se perpetúa también en la vida religiosa.

La misma mentalidad discriminatoria que minusvalora a las mujeres parece actuar en todos los ámbitos de la vida en la sociedad, así como en la Iglesia. En la familia los hijos son privilegiados y las hijas son minusvaloradas. En la Iglesia los sacerdotes son privilegiados y las hermanas son minusvaloradas. Hay que sacar a la luz estas opciones preferenciales. En la lucha contra el mal, el silencio no es una virtud. En su libro Dance of the Spirit: The Seven Stages of Women's Spirituality, María Harris comenta: "Ese silencio no solo corrompe nuestro mundo, sino también a nosotras y a nuestra espiritualidad".

Durante una conferencia en mayo con los obispos chilenos el propio papa Francisco dijo: "Sería una grave omisión por nuestra parte no ahondar en las raíces... en los procesos que han hecho posible que se produzcan estas actitudes y males". Trabajar por el cambio necesario de sistema exige una transformación desde dentro, superando el pecado del secretismo sobre el clericalismo.

La educación que reciben los chicos les anima a ser emprendedores e innovadores, mientras que a las chicas se las suele formar para ser sumisas y dóciles. Por el hecho de ser varones, llamados por Dios, y haber completado con éxito la formación en el seminario con su requisito previo de estudios teológicos, los hombres pueden ser ordenados. La ordenación les da acceso al ministerio sacramental y al liderazgo de la Iglesia.

Recientemente fui invitada por un grupo de superiores provinciales y formadores a compartir mis experiencias sobre las vocaciones a la vida consagrada y a informar al grupo sobre la sinodalidad. Alguien habló de una pareja cuyo único hijo acababa de ser ordenado en su parroquia. Mientras yo celebraba el ofrecimiento de su hijo único al sacerdocio, otra de las personas compartió su experiencia de cómo dos o tres congregaciones estaban luchando por hacer frente a la situación que ocurría con su sacerdote (que era hijo único), ya que la responsabilidad del cuidado de los padres había recaído en las congregaciones y el sacerdote no podía cumplir con sus obligaciones religiosas debido a su responsabilidad de cuidar a los padres. Me pareció un ejemplo interesante de cómo la cultura influye en el papel de los varones.

En su homilía de Año Nuevo, el papa Francisco habló del lugar de la mujer en la Iglesia: "Herir a una mujer es insultar a Dios, no podemos hallar un lugar para las mujeres en la Iglesia sin permitir que brille el corazón de la mujer y de la madre".

Que el sentido común prevalezca en nuestra Iglesia y sociedad.

Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 7 de agosto de 2022.