Hermanas participan en una concentración en la calle Elice de Chacao, Caracas, el 9 de enero de 2025, víspera de la toma de posesión de Nicolás Maduro para su tercer período. Sus pancartas proclamaban: "Cuando nos unimos la historia cambia", "Cuando muere el miedo nace la libertad" y "Dichosos los que trabajan por la paz". (Foto: cortesía deJimmy Villalta)
Venezuela vive desde mediados de la década de 2010 una crisis multidimensional marcada por un colapso económico profundo, una grave emergencia humanitaria y una persistente inestabilidad política e institucional. En esta situación, que se extiende ya por más de 15 años, las mujeres de vida consagrada no han abandonado ni la oración ni el servicio a los más vulnerables en sus distintos ministerios.
Sobre este telón de fondo irrumpió, el 3 de enero de 2026, un hecho de alcance histórico: fuerzas militares estadounidenses detuvieron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en Caracas. El procedimiento generó reacciones encontradas: mientras amplios sectores de la población venezolana lo percibieron como una oportunidad para recuperar la democracia y restituir los derechos humanos, varios Gobiernos de la región lo calificaron como una violación al derecho internacional.
Global Sisters Report (GSR) en español consultó a tres mujeres religiosas de diversos carismas y trayectorias para conocer, desde la fe y desde la acción, qué pasos debe dar Venezuela para reconstruirse en este momento de su historia en el que los ciudadanos perciben una fractura del tejido social.
Ante la crisis que fractura a Venezuela, tres religiosas de distintas congregaciones identifican sus heridas y proponen salidas concretas basadas, entre otras, en la escucha activa, la mediación, trabajo en red y la formación de liderazgos laicos
Un niño sostiene la bandera de Venezuela durante una protesta en Buenos Aires, Argentina. La crisis venezolana ha llevado a cientos de miles de niños a crecer lejos de su país. (Foto: Pexels/Renan Braz)
La voz de las religiosas
La madre Marlene Leal, superiora general de la Congregación Siervas del Santísimo Sacramento, considera que el lugar que ocupan las comunidades religiosas en este momento nadie más lo puede llenar. "Nuestra presencia está en el tejido más capilar de la sociedad. Allí donde no llega el Estado ni el mercado, ahí está la parroquia, el grupo de oración o el comedor comunitario", afirma.
Esa presencia de las religiosas, dice, se concreta en una acción central: convertirse en lo que el papa Francisco llama "hospitales de campaña": espacios de escucha que curan heridas, ofrecen cercanía y actúan con misericordia antes que con juicios, para acoger a los más necesitados.
"Sanar el tejido social empieza por sanar el corazón individual. Una persona que se siente escuchada y amparada empieza a recuperar su dignidad. Antes de hablar de reconciliación, hay que permitir que el dolor se exprese. Las comunidades religiosas deben ser espacios seguros donde la gente pueda llorar sus ausencias y descargar su ansiedad sin ser juzgada", asegura Leal.
La Hna. Ileane Tolosa coincide en el diagnóstico pero añade una capa más: a su juicio, el país atraviesa todavía una etapa "reaccionaria", una actitud colectiva que impide reconocer al prójimo como alguien distinto pero con igual dignidad.
"Esa fase reaccionaria es el resultado de años de falta de entendimiento y maltrato en el lenguaje y los gestos. Son heridas históricas, personales y colectivas que necesitan ser sanadas para reconstruir el tejido social", afirma Tolosa, para quien debe articularse un encuentro colectivo a favor de la reconciliación.
En esa misma línea, la Hna. Maigualida Riera considera que las congregaciones deben ser puentes y mediadoras, espacios donde los diferentes actores puedan sentarse, dialogar, escucharse, perdonarse, respetarse y reconocerse.
"Para mí la reconciliación significa la posibilidad de juntarnos para salvar al país, [dejando de lado] nuestras heridas, nuestros intereses, nuestras diferencias. Es la manera como podemos reconocernos y aceptar que todos somos necesarios e importantes", afirma Riera, también miembro de la Comisión Nacional de Pastoral de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV). Al mismo tiempo, la religiosa sostiene que deben desarrollarse habilidades como la escucha activa y empática, "que ayuden a entender en lugar de responder y a asimilar en vez de reaccionar".
"Nuestra presencia está en el tejido más capilar de la sociedad. Allí donde no llega el Estado ni el mercado, ahí está la parroquia, el grupo de oración o el comedor comunitario": Hna. Marlene Leal #ReconciliaciónEnVenezuela
¿Qué proponen las hermanas?
La Hna. Leal afirma que la reconstrucción del tejido social comienza por la voluntad de colaborar entre todos los sectores sociales, dejando atrás el rencor y sosteniendo siempre el respeto a la soberanía y la justicia social.
“Fomentar la escucha y el encuentro entre quienes piensan distinto requiere, ante todo, una transformación de la voluntad y del corazón. El enfoque debe desplazarse desde las diferencias hacia los valores compartidos, como la compasión, la justicia y la paz. No se trata simplemente de hablar, sino de cultivar la escucha activa mediante técnicas donde el objetivo no sea convencer al otro, sino comprender su historia personal”, sostiene.
Su propuesta concreta se mueve en tres direcciones: fortalecer programas de atención integral a poblaciones vulnerables bajo un modelo educativo basado en la acogida; formar liderazgos laicos para el acompañamiento y reinserción de personas privadas de libertad; y recuperar el poder adquisitivo familiar.
La Hna. Riera complementa esta visión desde la acción concreta y piensa que el proceso debe recuperar el ejercicio democrático y la libertad de expresión, y también propiciar una transformación personal que derive en un compromiso activo con la justicia, conectando la realidad local con la global. "Debemos atender en red las necesidades de los marginados, adaptando el Evangelio a contextos complejos", afirma.
La Hna. Tolosa, por su parte, apunta a la recuperación de la verdad. En un entorno saturado de información, invita a ejercer una "inteligencia selectiva" y la prudencia. "Si algo ha perdido Venezuela es la verdad, pareciera que hay intereses en que no aparezca. Si buscamos a Jesús, encontraremos la verdad", sostiene. Para ella, la clave histórica es la sinodalidad: escuchar al otro con humildad, especialmente donde la polarización ha invisibilizado al que piensa distinto.
"Si algo ha perdido Venezuela es la verdad, pareciera que hay intereses en que no aparezca": Hna. Ileane Tolosa #ReconciliaciónEnVenezuela
Reconstrucción del tejido social como pilar de la paz
Rita Elena Parra —politóloga, laica y facilitadora del Centro Gumilla (Centro de Investigación y Acción Social de la Compañía de Jesús en Venezuela)— describe la situación actual venezolana como inédita.
"Tenemos un Gobierno electo que no ha podido ejercer —Edmundo González—, el liderazgo de María Corina Machado, el tutelaje del presidente estadounidense Donald Trump junto a su secretario de Estado, Marco Rubio, y el presidente que ha sido extraído, Nicolás Maduro. Además, está el hecho de que Delcy Rodríguez ejerza un poder interino. No hablamos de legitimidad, sino de fragmentación", apunta.
Parra —miembro también de la comunidad neocatecumenal— coincide con las religiosas en el enfoque de la sinodalidad, de la escucha del otro; subraya el rol activo que corresponde tanto a los consagrados y consagradas como a los laicos en la construcción de la reconciliación y cree que el aprendizaje ciudadano más urgente es asumir la responsabilidad del voto. "Un cristiano no es un mirón de palo", apunta.
Ciudadanos protestan contra Nicolás Maduro en Venezuela con una pancarta que dice “Maduro vais pa afuera”. La prolongada crisis política del país ha generado años de conflictividad social, polarización y demandas de cambio democrático. (Foto: Pexels/Jhostin Peraza)
En esa línea, la madre Leal asevera que "este camino exige sanar la memoria herida" y considera que la Iglesia es "una casa de acogida que permite cerrar ciclos y comenzar de nuevo". Además, asegura que esto implica redescubrir el sacramento de la reconciliación como un encuentro de misericordia: "Reconciliarse es un acto de compasión, ponerse en el lugar del otro para transformar el odio en armonía".
Tras la promulgación de la Ley de Amnistía, la ONG Foro Penal reportó la excarcelación de 670 presos políticos, aunque 526 permanecen en prisión. Ante esa realidad incompleta, el liderazgo de la Iglesia cobra particular relevancia: según la investigación "Sociografía religiosa" del Centro Gumilla, el 53 % de los venezolanos considera que la Iglesia católica tiene un papel clave en la promoción de la reconciliación nacional.
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"La reconciliación significa sanar; significa la posibilidad de juntarnos para salvar al país, [dejando de lado] nuestras heridas, nuestros intereses, nuestras diferencias": Hna. Maigualida Riera #ReconciliaciónEnVenezuela
En medio de la crisis venezolana, comunidades religiosas y laicos continúan promoviendo espacios de oración, reconciliación y esperanza, como la “Ruta nocturna por la paz”, realizada el 4 de octubre de 2025 en honor a José Gregorio Hernández y a la madre Carmen Rendiles, antes de su canonización. (Foto: cortesía Jimmy Villalta)
Una mirada desde la fe en Dios
Para la Hna. Tolosa el desafío central de los venezolanos es "intentar mirar desde Dios todo lo que sucede", un enfoque que, a su juicio, es el que permitirá reconstruir una ciudadanía capaz de procesar con objetividad los sucesos del 3 de enero de 2026, sin “corazones partidos ni vestiduras rasgadas”.
La Hna. Riera, por su parte, ha desarrollado con su comunidad iniciativas concretas de sanación a través del arte. Su proyecto más destacado es la Fundación Latidos que trabaja la inclusión, la promoción de valores y la salud mental mediante risoterapia y actividades culturales.
Desde su carisma eucarístico, la madre Leal proyecta esa misión hacia la vida pública. Para ella, reconstruir la ciudadanía significa trabajar para que nadie sea excluido de los derechos fundamentales. "La fe nos llama a transformar la presencia silenciosa en una participación activa y responsable. Esto se manifiesta al entender la defensa de los derechos humanos y la denuncia de las estructuras opresoras como un mandato directo del Evangelio", asegura.
En un país atravesado por fracturas materiales y espirituales, las religiosas insisten en que la reconciliación no será inmediata ni sencilla. Pero en gestos cotidianos —escuchar, acompañar, decir la verdad— reconocen señales de un proceso que, aunque frágil, sigue en marcha.
