De izquierda a derecha, la Hna. Emma Panizales y la Hna. Maigualida Riera, de las Misioneras Médicas de Venezuela, durante una visita a Caraballeda, una de las zonas más afectadas del estado de La Guaira, por los terremotos del 24 de junio de 2026. (Foto cortesía: Misioneras Médicas de Venezuela)
Dolor por una muerte inesperada. Incertidumbre por un ser querido desaparecido. Escombros: cuerpos bajo ellos. Un hogar sepultado. Gratitud a Dios por estar vivos. La calle como refugio. El impacto de los dos terremotos que sacudieron Caracas, Venezuela, el 24 de junio de 2026 aún no termina de dimensionarse, pero ya se cuenta por miles el número de víctimas. Nadie escapó al miedo mientras el suelo bajo sus pies dejó de ser firme y seguro. Ni siquiera las hermanas católicas, que también estuvieron allí cuando la tierra tembló.
Horas antes del movimiento telúrico, una iniciativa espontánea de las niñas del Hogar Nuestra Señora del Carmen —dirigido por las Hermanas Carmelitas de la Madre Candelaria, en La Pastora, Caracas—, las había llevado a cantar y rezar por primera vez el rosario en la capilla.
Por la tarde, las hermanas junto a las niñas participaban en una eucaristía en la iglesia de San Judas Tadeo, donde los dos sismos las sorprendieron junto al resto de los fieles durante el padrenuestro. El techo del templo colapsó parcialmente.
Después de los dos #terremotos que devastaron #Venezuela, #HermanasCatólicas de distintas congregaciones se organizaron en red para ofrecer refugio, alimentos, medicinas y acompañamiento a las víctimas. #GSRenEspañol #DobleSismoEnVenezuela
La Hna. Aura Arévalo, de las Misioneras de la Consolata, clasifica alimentos en el centro de acopio de Cáritas Venezuela, en Caracas, el 26 de junio de 2026. (Foto: Graciela Portillo)
La Hna. Ana María Montilla, directora de la casa-hogar, recuerda la entereza necesaria que tuvo que mantener para contener el pánico de las niñas mientras la tierra se removía. "Fue un momento muy duro, esa noche no dormimos", relató.
Al día siguiente, las Hermanas Carmelitas se desplazaron hacia los hospitales Dr. Domingo Luciani y Ana Francisca Pérez de León, en el municipio Sucre de Caracas, para acompañar a los heridos trasladados desde el estado de La Guaira. Poco después, se dirigieron a la Plaza Miranda, en el centro de Caracas, convertida en un campamento improvisado para quienes tuvieron que abandonar sus edificios —con estructuras debilitadas— por precaución ante posibles derrumbes.
"Muchos por miedo o por falta de gas no podían cocinar. Fuimos a la plaza, abrimos la camioneta y comenzamos a repartir arepas rellenas con mortadela y queso, además de arroz y ensalada", recuerda la Hna. Montilla.
Debido a la magnitud de la tragedia ha habido movilizaciones espontáneas de cientos de personas en distintos lugares del país para rescatar a las víctimas que permanecían bajo los escombros y ayudar a los sobrevivientes. Las hermanas de distintas congregaciones también se sumaron a esa respuesta solidaria.
La Hna. Maigualida Riera, de las Misioneras Médicas de Venezuela, acompaña a niños sobrevivientes de los terremotos refugiados en el Parque Alí Primera, en el sector Gato Negro de Caracas. (Foto: cortesía Misioneras Médicas de Venezuela)
Las cifras dan cuenta de esa emergencia. Según el balance oficial del Gobierno nacional del 19 de julio, los terremotos han dejado 5208 personas fallecidas, 16 740 heridas, 17 854 que perdieron su vivienda [cifra por actualizar] y 21 235 acogidas en 107 campamentos transitorios habilitados para atender la emergencia. Los rescatados llegan a 6462. Han recibido atención 128 324 familias. Las autoridades reportan a la fecha la afectación de 856 edificios y el colapso de 190. Los mayores daños se concentraron en el estado La Guaira, así como en Caracas, y en los estados Miranda, Carabobo, Aragua, Falcón y Yaracuy.
A ello se suman pérdidas económicas directas, estimadas preliminarmente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 26 de junio de 2026, en 6700 millones de dólares, en un país que ya enfrentaba una prolongada crisis humanitaria.
La hermana Shirley Barillas, de las Esclavas del Cristo Rey, destacó la importancia de atender la salud emocional y ponerle nombre al "terremoto interior".
"Si nos cuidamos, podemos cuidar de mejor manera a los demás. Hay que permitirse llorar, hay que drenar el dolor, porque ahorita estamos actuando en modo automático", dijo.
Escuelas convertidas y casas comunitarias convertidas en refugios y en centros de acopio: las religiosas acompañando a quienes lo perdieron todo. Así respondió la #VidaConsagrada al #DobleSismoEnVenezuela #GSRenEspañol #HermanasCatólicas
Otras hermanas han encendido los fogones de sus comunidades para llevar alimento a las víctimas. Para las Siervas de Jesús la emergencia se transformó en intensas jornadas de cocina en plazas y parques convertidos en refugios improvisados, cuenta la Hna. Rosa Lozano.
Una semana después de los terremotos, las Hermanas Misioneras Médicas visitaron Caraballeda, una de las zonas más devastadas del estado La Guaira. Allí constataron una realidad que hacía urgente coordinar esfuerzos entre las congregaciones religiosas y otros organismos de la Iglesia: precarias condiciones de salubridad, niños con afecciones en la piel y en las vías respiratorias, y una profunda huella psicológica causada por la destrucción.
Reconstrucción en red: el camino compartido
La respuesta a la emergencia no quedó en manos de cada congregación por separado.
Religiosas de distintas comunidades comenzaron a coordinar esfuerzos con la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Venezuela (Conver), Cáritas, los jesuitas y decenas de jóvenes voluntarios para acompañar a la población damnificada y atenderla emocional y espiritualmente, y para ofrecer sus obras como centros de acopio y resguardo.
La Hna. Maigualida Riera, coordinadora de las Hermanas Misioneras Médicas en Venezuela, explicó que la nueva etapa de la respuesta busca ir más allá de la atención inmediata. En coordinación con la Conver, las comunidades impulsan actividades para niños, jóvenes y adultos mayores que les ayuden a procesar el impacto emocional de los terremotos.
Para Riera, la misión no consiste solo en responder a necesidades materiales, sino también en acompañar el duelo y devolver esperanza a quienes lo han perdido todo. "En estos tiempos, para la gente es muy importante sentirse acompañada con una palabra oportuna o un silencio que abraza el alma. Es hora de la solidaridad y de salir al camino, como el buen samaritano, a atender con compasión las heridas de los que hoy claman por auxilio", afirmó.
Cáritas Venezuela, como parte de la Red de Acción Social de la Iglesia (RASI), ha desempeñado un papel clave en la coordinación de la recepción, clasificación y distribución de alimentos, medicamentos e insumos destinados a las zonas más afectadas. Con el apoyo de las Misioneras de la Consolata, la red coordina la recepción y clasificación de alimentos, medicamentos e insumos que luego son distribuidos en las zonas más afectadas.
Entre quienes participan en esa tarea está la Hna. Aura Arévalo, misionera colombiana de la Consolata. "Estos trabajos tan sencillos guardan mucho valor, porque cada mamá que recibe [alimentos o medicinas] siente una fuerza", expresó.
A través de Cáritas, colegios y casas comunitarias fueron habilitados como refugios temporales y centros de acopio, mientras comunidades religiosas llevaron ayuda a distintas regiones del país.
"En lugares como la plaza La Moneda, en Caracas, el acompañamiento se ofrece en la distancia corta: un espacio para compartir un té caliente y, sobre todo, para escuchar", señaló la Hna. María José González, directora de Cáritas Los Teques, miembro de la comunidad Jesús es Señor y coordinadora de logística.
"Hemos entendido que solas no podemos". La respuesta al #DobleSismoEnVenezuela llevó a #HermanasCatólicas de distintas congregaciones a unir esfuerzos para acompañar a las víctimas y coordinar una red de solidaridad. #GSRenEspañol #Venezuela
En un país marcado por años de crisis y por la emigración masiva, la emergencia volvió a poner de relieve el valor del trabajo conjunto entre congregaciones, laicos y organizaciones de la Iglesia para responder a las necesidades de la población.
Durante el despliegue realizado en La Guaira, las comunidades religiosas han distribuido muletas, carpas, coches para niños y kits de higiene a las familias que permanecen en los campamentos temporales, en coordinación con otras congregaciones, organizaciones y voluntarios. "Hay que hacer camino con las congregaciones, grupos, ONG y otros para lograr un mayor impacto en el servicio", afirmó la Hna. Riera. "Hemos entendido que solas no podemos".
"De repente quiero llorar, pero no puedo porque hay que reconstruir". La frase de una religiosa resume el espíritu con el que las #HermanasCatólicas siguen acompañando a las víctimas del #DobleSismoEnVenezuela. #GSRenEspañol #Venezuela
Después de los terremotos: la respuesta de las religiosas
Los terremotos dejaron destrucción, duelo, miles de personas sin hogar y miles de desaparecidos. Las fotografías que siguen documentan tanto la devastación como la respuesta solidaria de religiosas, laicos y estudiantes de instituciones católicas que acompañan a las comunidades afectadas en su proceso de reconstrucción.
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