La Hna. Cicilia Indrayani, de las Hijas de la Caridad, enseña a las mujeres a coser y las ayuda a prepararse para la industria textil de la región. (Foto: cortesía Hijas de la Caridad)
Para la hermana Cicilia Susi Indrayani, de las Hijas de la Caridad, su misión entre los trabajadores migrantes de Indonesia es una parte integral de su vida cotidiana.
La misión de Indrayani en Yakarta comenzó en 2008, cuando tenía 27 años, y le proporcionó una experiencia de primera mano de las duras realidades a las que se enfrentan quienes viven en los márgenes de la ciudad. Ella le dijo a Global Sisters Report (GSR) que esta experiencia también la impulsó a comprometerse a trabajar con los pobres.
En el Aeropuerto Internacional Soekarno-Hatta, se ocupó de los cuerpos de los trabajadores migrantes indonesios que habían fallecido en el extranjero y fue testigo de cómo sus familias, desamparadas, recibían a sus seres queridos que regresaban en ataúdes sellados.
"Ocuparse de los cuerpos de los trabajadores migrantes indonesios que llegan del extranjero no es una tarea fácil. A menudo tenemos que lidiar con intermediarios que exigen dinero", explicó a GSR.
A menudo, los migrantes abandonan su país de origen a través de agentes de contratación ilegales, que afirman que el fallecido no ha pagado íntegramente sus honorarios y exigen dinero a la familia para entregar el cuerpo.
Los informes indican que unos 1900 trabajadores migrantes fallecieron en el extranjero en un año, y que al menos dos cadáveres llegan diariamente a los puertos indonesios. Según algunas estimaciones, aproximadamente 4,3 millones de indonesios trabajan en el extranjero de forma ilegal, y al menos el mismo número de trabajadores se traslada al extranjero de forma ilegal.
En Indonesia, las hermanas Cicilia Indrayani y Gracia Suparti, de las Hijas de la Caridad, ayudan en Java Oriental a familias migrantes a salir de la pobreza con talleres y microcréditos. #GSRenEspañol #HermanasCatólicas
La Hna. Gracia L. Suparti, de las Hijas de la Caridad, a la derecha, con uno de los miembros de la Asociación de Familias Migrantes. (Foto: cortesía Hijas de la Caridad)
Muchos trabajadores optan por afrontar el reto de ir al extranjero de forma ilegal para escapar de la pobreza extrema.
"La vida en las calles de Yakarta es peor que la peor idea de pobreza que te puedas imaginar", explicó Indrayani.
La religiosa ha sido testigo no solo de la explotación dentro de los sistemas migratorios, sino también de la vulnerabilidad de los niños de la calle que buscan comida entre depredadores sexuales y violencia, personas sin hogar y familias que viven bajo los pasos elevados.
Indrayani dijo que este trabajo era "agotador y, a veces, aburrido porque apenas se avanzaba", pero, en retrospectiva, lo ve como una "preparación física, mental y espiritual" para su futuro.
En 2022, sus superiores la destinaron a trabajar en Java Oriental, su provincia natal, que es también la mayor fuente de trabajadores migrantes de Indonesia. Allí, su función pasó de la respuesta a las crisis a la reconstrucción de vidas.
En aquel momento, su congregación ya llevaba tiempo trabajando con migrantes. Sin embargo, los esfuerzos organizados comenzaron tras la asamblea general de la congregación en 2015, cuando se ordenó un esfuerzo serio y específico destinado a empoderar a las familias migrantes.
La Hna. Gracia L. Suparti, de las Hijas de la Caridad, se prepara para una visita a domicilio. En 2019, Suparti fundó la Asociación de Familias Migrantes en Garum, un pequeño subdistrito cerca de la capital de Blitar, para ayudar a las familias migrantes con sus gastos y a afrontar los problemas relacionados con la pobreza. (Foto: cortesía Hijas de la Caridad)
En 2019, la hermana Gracia Suparti, de las Hijas de la Caridad, fundó la Asociación de Familias Migrantes en Garum, un pequeño subdistrito cercano a la capital de la regencia de Blitar, para ayudar a las familias migrantes con sus gastos y a afrontar los problemas relacionados con la pobreza. La asociación comenzó con 92 familias afiliadas, pero actualmente cuenta con 34, ya que las hermanas han ayudado a muchas a salir de la pobreza.
Después de que Suparti se mudara de Blitar, Indrayani continuó su labor.
"La vida de los trabajadores migrantes que regresan a casa no es tan buena como esperaban. Solo unos pocos tienen éxito, y muchos vuelven a una situación de mayor pobreza", dijo la hermana de 57 años.
"A menudo se encuentran con que todo el dinero que enviaron a casa se ha esfumado debido a la mala gestión de sus familias y ahora luchan por arreglárselas con lo que les queda", añadió.
Suparti explicó a GSR que ganarse la confianza de los aldeanos, en su mayoría musulmanes, fue una tarea difícil. Contó que su congregación se reunió con las autoridades locales para identificar los hogares de los migrantes y visitó la oficina del jefe de la aldea, lo que permitió a las hermanas celebrar diversas reuniones. "Esto nos ayudó a evitar las acusaciones de intentar convertir a la gente al cristianismo", afirmó.
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La perseverancia de las hermanas dio sus frutos. Una familia que se abrió a ellas les presentó a otra, y eso las llevó a conocer a otra más. Por ejemplo, si alguien vendía comida o bebida cerca de una escuela, pero no tenía un carrito para vender en otro lugar durante las vacaciones escolares, las hermanas le ayudaban a comprar uno. También ayudaban a otras personas con préstamos para arrendar tierras para el cultivo de jengibre.
"Les dije que cuanto antes devolvieran su préstamo anterior sin intereses, más rápido podrían conseguir el siguiente, porque eso demuestra que están comprometidas con su desarrollo", dijo Suparti.
Indrayani sigue visitando las aldeas los lunes desde la mañana hasta la noche. Junto con otra hermana, imparte clases sobre higiene y atención sanitaria, y anima a la comunidad a buscar soluciones a la pobreza. Explicó que fomentan soluciones que se ajusten a las actividades comunitarias y promuevan el trabajo en equipo y el aprendizaje mutuo.
La religiosa también visita regularmente los hogares de las miembros de la asociación los fines de semana para impartir talleres de costura y elaboración de chips de plátano y medicina herbal, con el fin de ayudar a las mujeres a convertir su creatividad y sus conocimientos locales en productos comercializables y generar ingresos para sus familias.
La Hna. Cicilia Susi Indrayani, de las Hijas de la Caridad, aparece en la foto en su oficina del Seminario Menor San Vicente de Paúl en Garum, un pequeño subdistrito cerca de la capital de Blitar. (Foto: cortesía Hijas de la Caridad)
"Es una gran alegría cuando los preparados de medicina herbal resultan ser saludables para quienes los utilizan, y la gente compra con orgullo los productos como recuerdo para llevarlos a otras ciudades", dijo Indrayani.
Sin embargo, la financiación inicial —entre 50 y 100 dólares aproximadamente— para este tipo de proyectos sigue siendo un reto. Pero diversas instituciones eclesiásticas, como la Comisión de Desarrollo Socioeconómico de la Diócesis de Surabaya, intervienen en estas situaciones.
"Además de orientarlas en la gestión de pequeñas empresas, también las animamos a ahorrar una pequeña cantidad para sus gastos personales", dijo Indrayani.
Con el tiempo, estos ahorros se transfieren a una cooperativa de crédito afiliada a la Iglesia —la Cooperativa de Crédito Sawiran en Malang—, lo que ayuda a las personas a beneficiarse de préstamos más cuantiosos para sus negocios.
El padre carmelita Eko Aldi, secretario ejecutivo de la Comisión de Justicia y Paz y de Pastoral de Migrantes de los obispos indonesios, afirmó: "La labor de las monjas es extraordinaria. Demuestra la presencia tangible de la Iglesia en la situación actual de Blitar".
Indrayani dijo que ella y las hermanas se alegran cuando el número de miembros de la asociación disminuye. "Cada familia que sale de la pobreza es una historia de éxito", afirmó.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 27 de abril de 2026.
