Mary Dispenza, representante nacional de la Red de Supervivientes de Abusos por parte de Sacerdotes (SNAP) y directora de su grupo específico contra los abusos por parte de religiosas, posa en la Plaza de San Pedro el 20 de febrero de 2019, en el Vaticano. Dispenza se unió a SNAP porque, según afirma, fue violada por un sacerdote cuando tenía 7 años. Se hizo cargo del grupo contra los abusos por parte de religiosas porque se necesitaba una líder y ella había sido religiosa. (Foto: CNS/Reuters/Remo Casilli)
Nota de la editora: La inmensa mayoría de las personas de la vida religiosa que han sido acusadas de abusos sexuales eran hombres. También se han hecho acusaciones creíbles contra religiosas, pero ha habido relativamente poca cobertura de esos casos. Como fuente independiente y sin ánimo de lucro de noticias e información sobre las religiosas católicas, Global Sisters Report dedica la mayor parte de sus recursos a difundir el buen trabajo que realizan ellas en todo el mundo. Sin embargo, como estamos comprometidos a contar la historia completa de las religiosas, incluimos en nuestra cobertura historias como esta. Este artículo es la segunda parte de una serie dividida en dos entregas. Puede leer la primera parte aquí.
Después de que en 2002 se hiciera pública la crisis de abusos sexuales por parte del clero en Boston [Estados Unidos], la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR) supo que tenía que tomarse en serio la ayuda a sus miembros para que gestionaran adecuadamente las denuncias de abusos en sus congregaciones.
En colaboración con supervivientes de abusos, profesionales especializados en traumas, abogados canónicos, el Centro de Recursos para Institutos Religiosos y el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado, la LCWR —una asociación de líderes congregacionales que representa a alrededor del 80 % de las religiosas de Estados Unidos— reunió recursos legales y recomendaciones políticas y los difundió ampliamente.
Estos recursos son exclusivos de la sección para miembros del sitio web de la LCWR, y esta no pudo ponerlos a disposición de Global Sisters Report (GSR). Pero la directora ejecutiva de LCWR, la hermana Carol Zinn, de la Congregación de San José de Filadelfia, explicó que se aconsejó a las congregaciones que colaboraran con las autoridades civiles y eclesiásticas para proporcionar apoyo legal y emocional a las víctimas y que se tomaran en serio cualquier acusación, incluso si se remontaba a seis décadas atrás.
Las responsables de las órdenes religiosas femeninas salen de una audiencia con el papa Francisco en el Vaticano en 2016. (Foto: CNS/Paul Haring)
Varios años después de poner a disposición los recursos, LCWR hizo un seguimiento con las congregaciones para ver qué políticas y procedimientos contra el abuso se habían puesto en marcha. Zinn dijo que había un cumplimiento cercano al 90 %. Sin embargo, destacó que la LCWR no tiene ninguna responsabilidad legal o canónica sobre sus miembros y solo puede ofrecerles directrices sugeridas.
"LCWR es una organización voluntaria", dijo Zinn y añadió: "No tenemos autoridad sobre nuestros miembros. No podemos decirles que hagan nada".
Cáit Finnegan, en una foto actual, afirma que sufrió abusos sexuales por parte de una hermana de la Misericordia durante cuatro años cuando era adolescente. Actualmente es obispa de la Iglesia Cristiana Celta. (Foto: cortesía)
Cáit Finnegan, que afirma haber sufrido abusos sexuales por parte de una hermana de la Misericordia durante cuatro años cuando era adolescente, no se lo cree.
"Llevan años diciendo que no tienen autoridad para entrar en las comunidades y decir esto o aquello. Y eso es un montón de tonterías", ironiza. "Tienen una autoridad moral como nadie más: son las líderes de todas las malditas órdenes religiosas", apunta.
Desde julio de 2004, la pequeña rama de la Red de Supervivientes de Abusos por parte de Sacerdotes (SNAP) que defiende a las personas abusadas por religiosas ha estado acribillando a LCWR con peticiones, principalmente para que las supervivientes puedan hablar en su asamblea anual, pero también para que la conferencia establezca algún tipo de programa obligatorio de supervisión de los abusos sexuales para las congregaciones miembros.
LCWR, aunque ha expresado su compromiso de trabajar para sanar y concienciar sobre el abuso sexual, ha rechazado repetidamente estas solicitudes durante los últimos 17 años, alegando normalmente la incapacidad de la conferencia para aplicar cualquier tipo de programa de supervisión y el deseo de contar con un proceso más claramente definido antes de invitar a los supervivientes a hablar en la asamblea nacional.
Zinn dijo que la postura de LCWR, desde el principio, ha sido que la dirección de la conferencia estaría encantada de reunirse con cualquier persona de la SNAP.
La Hna. Carol Zinn, hermana de San José y directora ejecutiva de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas, habla durante la Mesa Redonda de Liderazgo Católico el 28 de febrero de 2020, en Washington. El evento se organizó para responder a la crisis de abusos sexuales por parte del clero a través de una nueva cultura de liderazgo en la Iglesia. De izquierda a derecha: la moderadora Kim Daniels, directora asociada de la Iniciativa sobre Pensamiento Social Católico y Vida Pública de la Universidad de Georgetown; Christina Lamas, directora ejecutiva de la Federación Nacional para la Pastoral Juvenil Católica; y el cardenal Joseph Tobin, de Newark, Nueva Jersey. (Foto: CNS/Ralph Alswang, cortesía Mesa Redonda de Liderazgo)
"Pero no vas a ponerte delante de cientos y cientos de hermanas sin algún tipo de proceso y plan para que sea útil y tenga algún tipo de... resultado", dijo y agregó: "Mi sensación es que lo que SNAP quiere es hablar con todo el mundo, y lo que nosotras [las líderes] queremos es hablar primero con SNAP para ver si podemos diseñar algo que realmente sea útil".
SNAP se ha reunido con las líderes de LCWR para hablar de sus objetivos.
En octubre de 2004, cinco representantes de SNAP se reunieron en privado con miembros del comité ejecutivo de LCWR en Chicago, exponiendo su visión de justicia y restitución. En una carta de seguimiento , LCWR agradeció a SNAP: "[por]aumentar nuestra conciencia sobre los efectos a largo plazo de la conducta sexual inapropiada por parte de mujeres religiosas"; sin embargo, dijo que no podía satisfacer las solicitudes específicas de SNAP de la manera que indicaban.
Zinn no formaba parte de LCWR en ese momento y no pudo comentar sobre la reunión de Chicago, pero dijo que mantuvo un prolongado intercambio de correos electrónicos durante varios meses en 2019 con Mary Dispenza, la antigua hermana del Sagrado Corazón de María que ha dirigido el grupo de 'abusos de religiosas' de SNAP durante los últimos años.
Zinn dijo a GSR que le pidió a Dispenza que le resumiera lo que le gustaría decir a la asamblea de LCWR. Zinn, que dijo que pensaba que LCWR y Dispenza estaban en sintonía, compartió entonces las ideas de Dispenza con las presidentas de LCWR e intentó concertar una reunión. Pero dijo que Dispenza no quería reunirse.
Por su parte, Dispenza no recuerda haber rechazado una reunión con LCWR y dijo que esa afirmación la dejó "sin palabras y triste".
También compartió con GSR lo que diría si alguna vez tuviera la oportunidad de hablar ante la asamblea nacional de la LCWR: animaría a las religiosas a ser sinceras y abiertas con las víctimas y a escucharlas. Citando Mateo 5, 23, animaría a las congregaciones a ofrecer una compensación económica "justa y equitativa". Compartiría la necesidad de hablar abiertamente sobre la conducta sexual inapropiada en la vida religiosa y animaría a LCWR a redactar una declaración dirigida específicamente a las víctimas de abusos por parte de religiosas. También animaría a LCWR a redactar una declaración en apoyo de las mujeres que siguen en la vida religiosa y que fueron abusadas por otras hermanas católicas, "incluidas aquellas que han fallecido o han abandonado su orden religiosa".
Fundamentalmente, Zinn dijo que parece haber un malentendido entre SNAP y LCWR en cuanto al proceso. "Hasta que al menos alguien hable con nosotras —las líderes, las personas que planifican la asamblea— no vamos a dejar que alguien entre y tenga tiempo en la agenda", dijo. "Y eso... pareció entenderse como: 'No os queremos en nuestra sala y no queremos que habléis con nuestros miembros'", apuntó.
Dispenza dijo que el objetivo principal de SNAP en lo que respecta al abuso sexual por parte de religiosas es garantizar que las hermanas católicas rindan cuentas por sus actos. Le enfureció, indicó, que las religiosas comenzaran a denunciar públicamente a los clérigos contra los que había acusaciones creíbles de abuso sin abordar la viga en su propio ojo.
Carol Midboe y Mary Dispenza, miembros de la Red de Supervivientes de Abusos por parte de Sacerdotes, asisten a una rueda de prensa en Roma el 24 de febrero de 2019, último día de la cumbre del Vaticano sobre la protección de menores en la Iglesia. (Foto: CNS/Yara Nardi, Reuters)
"Enviaron mensajes al público y a todas las hermanas: 'Den un paso al frente, cuenten su historia. Cuéntenosla. Les ayudaremos'. Para mí fue como: 'Bueno, un momento. Nunca han reconocido los abusos cometidos por religiosas contra estudiantes y niños. ¿Dónde están ustedes en todo esto?'", dijo.
Con ese fin, SNAP también se ha puesto en contacto con el Consejo de Superioras Mayores de Religiosas, un grupo de liderazgo más pequeño para mujeres religiosas que también rechazó sus solicitudes. Y Dispenza viajó a Roma en 2019 como parte de una delegación de SNAP a la cumbre sobre abusos sexuales del papa Francisco. Aunque los abusos de las monjas no figuraban en la agenda oficial, Dispenza participó en actos mediáticos y organizó debates paralelos sobre los abusos de las monjas en un hotel cercano. También entregó una carta a la sede de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), similar a las que SNAP ha enviado a LCWR.
La Hna. Patricia Murray, del Instituto de la Santísima Virgen María, es secretaria ejecutiva de la Unión Internacional de Superioras Generales. (Foto:Sarah Mac Donald)
En febrero de 2020, Dispenza regresó a Roma y se reunió con la secretaria ejecutiva de la Unión Internacional de Superioras Generales, Patricia Murray, una hermana del Instituto de la Santísima Virgen María. Dispenza no ha tenido noticias de Murray desde su reunión, salvo un breve correo electrónico de agradecimiento. "Ha sido bastante frustrante", dijo Dispenza.
A pesar de sus tenaces intentos de enfrentarse a las religiosas, Dispenza no se considera antihermanas. Se unió a SNAP porque dice que fue violada por un sacerdote cuando tenía 7 años. Se hizo cargo de la sección de abusos de religiosas de la organización porque se necesitaba una líder y, como antigua hermana, tenía sentido que fuera ella.
La decisión de Dispenza de abandonar la vida religiosa después de 15 años no fue una decisión que tomara a la ligera; le llevó siete años marcharse después de que inicialmente sintiera que no estaba en el lugar adecuado. Y todavía recorre más de 1600 kilómetros para visitar a una de sus antiguas hermanas, su "amiga más querida", al menos una vez al año.
Sin embargo, Dispenza cree que la vida religiosa, con su énfasis en el celibato, es intrínsecamente insalubre. No es que todas las mujeres religiosas sean abusadoras, dijo, sino que la confluencia de la sexualidad reprimida en la vida religiosa con el desequilibrio de poder en las instituciones católicas crea una tormenta perfecta para que los posibles depredadores actúen. Y, históricamente, las congregaciones no han hecho un buen trabajo a la hora de excluir a estos posibles depredadores de sus filas.
"No creo que las personas sanas hagan un mal uso de su poder", dijo Dispenza. "Pero si se combina el poder con la falta de salud... se producirán abusos de todo tipo", puntualizó.
Al menos parte de la teoría de Dispenza está respaldada por investigaciones.
A finales de la década de 1990, tres psicólogos investigadores se propusieron encuestar a mujeres religiosas de Estados Unidos sobre sus experiencias de trauma sexual, dado que el abuso sexual infantil es un indicador clave de si alguien se convertirá en abusador sexual más adelante en su vida.
Lo que descubrieron fue que el 40 % de las religiosas habían sufrido traumas sexuales a lo largo de su vida, la mayoría de ellas durante la infancia. Y en el caso de aquellas que habían sufrido traumas sexuales tras haber tomado los votos religiosos, sus agresores eran en su mayoría clérigos u otras religiosas.
"Esto sugiere una necesidad real dentro de las comunidades religiosas de evaluación, debate, tratamiento, educación/formación y desarrollo de políticas relacionadas con la sexualidad y el trauma sexual", concluyeron los investigadores.
Parte de ello ha ocurrido en las últimas décadas.
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La hermana de la Caridad de Santa Isabel Ellen Dauwer, directora ejecutiva de la Conferencia de Formación Religiosa, dijo a GSR en un correo electrónico que desde hace años la formación religiosa ha mejorado a la hora de abordar la sexualidad humana.
"Se pide a los novicios y a otros religiosos más nuevos que reflexionen sobre su propia identidad sexual", afirmó. "Se fomentan y se abordan las amistades sanas e íntimas (no genitales). Los novicios y novicias experimentan juntos el noviciado intercomunitario semanalmente y tienen la oportunidad de practicar estas formas de entablar amistades sanas y célibes", explicó.
La hermana de San José Carol Zinn, directora ejecutiva de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas. (Foto: cortesía LCWR)
Zinn dijo que se trata de una formación muy diferente a la que ella y otras personas experimentaron hace décadas. "Se centra mucho más en el desarrollo humano, el desarrollo psicológico, la intimidad y las relaciones", afirmó.
Antes del Concilio Vaticano II en la década de 1960, cuando las mujeres ingresaban en el convento quedaban esencialmente aisladas de sus vidas anteriores, añadió. Se les desaconsejaba, si no se les prohibía, asistir a eventos como los funerales de sus padres o las bodas de sus hermanos.
"No había amistades ni intimidad", dijo Zinn, pero subrayó que el problema del abuso sexual entre las religiosas no puede reducirse a una razón tan simple como una formación deficiente.
Es complejo y tiene múltiples capas. Tiene que ver con cambios en la cultura y el ministerio (por ejemplo, las religiosas en Estados Unidos ya no dirigen grandes hogares para huérfanos, donde el abuso podía pasar prácticamente desapercibido). También tiene que ver con las personas, lo que dificulta ofrecer soluciones universales. Las abusadoras individuales abusan por diferentes razones. Las sobrevivientes individuales tienen diferentes caminos hacia la sanación.
Una vez más, Zinn dijo que las dirigentes de LCWR están dispuestas a reunirse con cualquiera, pero que, en última instancia, las supervivientes deben presentar sus denuncias de abuso a la congregación específica. "Mi opinión es que, dado que todo es tan local y particular, hay que abordarlo en persona, en el marco de una relación", afirmó. "Ni siquiera puede hacerse a través de los medios de comunicación", indicó.
Sin embargo, Dispenza ha observado algunos cambios graduales a nivel institucional. Le complació el discurso presidencial de la hermana Sharlet Wagner, de Holy Cross, en la asamblea nacional de LCWR de 2019, en el que se reconocía que las religiosas han sido tanto autoras como víctimas de abusos sexuales.
La hermana Sharlet Wagner, de Holy Cross, entonces presidenta de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas, pronuncia el discurso presidencial el 15 de agosto de 2019 en la asamblea anual de la organización, en Scottsdale, Arizona. (Foto: GSR/Dan Stockman)
"Es motivo de profundo dolor para nosotras que, en algunos casos, nuestras propias hermanas hayan sido autoras de los abusos. Esta es una verdad que no debemos intentar eludir", afirmó Wagner en su discurso.
"Puede que sea un comienzo" afirmó Dispenza en un correo electrónico enviado a GSR poco después del discurso.
Las religiosas también están siendo incluidas, poco a poco, en las listas diocesanas de personas acusadas de abuso de forma creíble. Antes casi nunca aparecían. Y en 2019, la UISG y la Unión de Superiores Generales masculina emitieron una declaración de cuatro páginas sobre el abuso sexual en la que también se reconocía que las religiosas pueden ser abusadoras.
"Inclinamos la cabeza avergonzados al darnos cuenta de que tales abusos han tenido lugar en nuestras congregaciones y órdenes, y en nuestra Iglesia", escribieron. "Reconocemos que, cuando miramos las provincias y regiones de nuestras órdenes y congregaciones en todo el mundo, la respuesta de quienes ostentan la autoridad no ha sido la que debería haber sido. No vieron las señales de advertencia o no las tomaron en serio".
Mientras tanto, Dispenza y SNAP tienen previsto seguir presionando a las organizaciones que agrupan a las religiosas para que reconozcan a las víctimas de abusos y abran una vía para la sanación, algo que, según muchas víctimas, les han negado las congregaciones individuales.
"Estas acciones deben rendir cuentas. Las víctimas deben tener su momento de luz y, en algunos casos, una indemnización, si eso es lo que necesitan", afirmó. "Es una grave injusticia".
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 25 de febrero de 2021.
