La incredulidad de Santo Tomás, Caravaggio, óleo sobre lienzo, 1601. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: "La paz esté con ustedes". Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos". Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Él replicó: "Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré". A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: "La paz esté con ustedes". Después dice a Tomás: "Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Le contestó Tomás: "Señor mío y Dios mío". Le dice Jesús: "Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto". Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están relatadas en este libro. Estas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él» (Jn 20, 19-31).
Este Evangelio tiene tres partes que podemos distinguir. En un primer momento, Jesús se aparece a sus discípulos y discípulas, pero no está Tomas; en un segundo momento, se vuelve a aparecer y está Tomas y, en tercer lugar, se explica por qué ha sido escrito el Evangelio.
"Creer no es aceptar ingenuamente una doctrina, sino abrirnos al cambio radical que la presencia de Jesús realiza en aquellos que creen. La fe exige aceptación libre": teóloga Consuelo Vélez sobre el Evangelio del segundo domingo de Pascua
En la primera aparición Jesús les regala a los suyos los dones escatológicos: la paz, la alegría y el mismo Espíritu, dador de todos los dones. Con la resurrección de Jesús está llegando la plenitud de los tiempos. Jesús, el enviado del Padre, ahora envía a los suyos a realizar su misma misión.
En la segunda aparición está Tomás y la invitación es a creer, aunque no se haya visto. La figura de Tomás sirve para reforzar esta invitación, porque él quiere ver los símbolos de los clavos y de la lanza y, ante el encuentro con Jesús, hace la confesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Jesús aprovecha todo este diálogo con Tomás para decirnos a nosotros que somos felices los que no hemos visto, pero aun así creemos. Esos primeros testigos nos comunican su experiencia y de nosotros depende creerla. En la medida que creamos, otros podrán seguir creyendo.
El Evangelio termina explicando para que se narran estas apariciones de Jesús: para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y así todos tengan vida por medio de él. Juan, por tanto, es el Evangelio del testimonio y nosotros hoy, al escuchar esos testimonios, estamos llamados a ser testigos de la resurrección de Jesús para que la vida sea abundante para todos.
Creer no es aceptar ingenuamente una doctrina, sino abrirnos al cambio radical que la presencia de Jesús realiza en aquellos que creen. La fe exige aceptación libre y voluntaria y, solo entonces, los dones del Espíritu pueden actuar en nosotros.
Ojalá que en este segundo domingo de Pascua renovemos nuestra fe y seamos testigos de la resurrección del Señor para que los dones del Espíritu se hagan efectivos en nuestro mundo y el Reino vaya realizándose en nuestra historia.
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