Hna. Fransiska Imakulata, de las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, posa con la superviviente de abusos Evi Bota Sao, en un refugio para mujeres y niños gestionado por la organización no gubernamental TRUK F ( Equipo Humanitario Voluntario de Flores), en la ciudad de Maumere, al este de Indonesia. (Foto: GSR/Chris Herlinger)
Nota de la editora: Esta historia forma parte de Salir de las sombras: luz contra la violencia de género, la serie de Global Sisters Report y Global Sisters Report en español que se enfoca en cómo las hermanas católicas responden a este fenómeno mundial o se ven afectadas por él.
El año pasado, Evi Bota Sao se dio cuenta de que ya había sufrido suficiente.
Estaba lista para una nueva vida.
Después de dos décadas en una relación abusiva, dejó a su marido y presentó una denuncia por abuso físico y agresión ante las autoridades locales de su ciudad natal, Maumere, en la isla de Flores, al este de Indonesia.
Lo hizo después de encontrar apoyo y esperanza en un refugio cofundado por las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo y los Misioneros del Verbo Divino, una orden religiosa masculina.
El refugio, gestionado en colaboración con una plantilla de 17 personas y tres voluntarios laicos, es la piedra angular del trabajo de una organización no gubernamental conocida como TRUK F (Equipo Humanitario Voluntario de Flores).
Fundada en 1997, es el único grupo en Maumere que se centra exclusivamente en empoderar a las mujeres y los niños que se enfrentan a retos derivados del abuso doméstico, físico y sexual y la trata de personas, así como de embarazos no deseados, según explicó la hermana Fransiska Imakulata, coordinadora de TRUK F.
Flores es la única isla predominantemente católica romana del archipiélago indonesio, y son habituales los murales religiosos en las calles, como este de la ciudad de Maumere que representa la crucifixión de Jesús. (Foto: GSR/Chris Herlinger)
Además del refugio, el grupo trabaja en la prevención del abuso y la trata, la defensa pública y la supervisión de casos legales en una ciudad con una población de unos 80 000 habitantes.
Han ayudado a miles de personas a lo largo de los años: Imakulata dijo que reciben varios casos nuevos a la semana, con un promedio de unos 100 al año.
Pero esta cifra solo da una idea del alcance del problema.
El año pasado, la Comisión Nacional de Indonesia sobre la Violencia contra la Mujer informó de que desde 2015 se habían producido más de dos millones de casos de violencia de género en el país, y esos eran solo los casos registrados.
Por otra parte, un estudio de las Naciones Unidas de 2016 reveló que un tercio de las mujeres y niñas indonesias, de entre 15 y 64 años, habían sufrido algún tipo de violencia física o sexual a lo largo de su vida.
Para mujeres como Bota Sao, el trabajo de TRUK F es un bálsamo, y su refugio y sus programas son un remanso de paz, un espacio seguro donde sentir nuevas fuerzas y esperanza, y recuperar cierta sensación de normalidad tras meses, años e incluso décadas de dolor.
El hecho de que sea una organización religiosa es menos importante para las mujeres que su carácter acogedor y sin prejuicios. Si una mujer que sufre abusos en su matrimonio quiere divorciarse o anularlo, "esa es su decisión, no la nuestra", afirma Imakulata.
"Como mujeres, tenemos que unirnos para ser fuertes": Evi Bota Sao, superviviente de dos décadas de maltrato en Indonesia, tras encontrar esperanza en un refugio cofundado por hermanas católicas en la isla de Flores
Pero en Flores, la única isla predominantemente católica del archipiélago indonesio, la fundación y el carácter católicos del grupo son una fuente de consuelo y sanación.
"Jesús ayudó a muchas mujeres en su ministerio", dijo el padre Laurens Woda, misionero del Verbo Divino, quien trabaja en el refugio del grupo —construido en 2009— y atiende a las supervivientes.
"La gente común no tiene poder aquí"
En ese espíritu, Bota Soa dijo en una reciente tarde lluviosa que su renovada vida de oración y el apoyo del refugio la han ayudado a levantarse de nuevo.
Ayudar a las mujeres y a los niños a 'levantarse de nuevo' era la visión rectora de la fundadora del grupo, la difunta hermana Eustochia Monika Nata, fallecida en 2021.
El origen del grupo se remonta a cuando Nata ayudó a formar un colectivo de mujeres que buscaban mejorar sus habilidades domésticas. Pero lo que rápidamente salió a la luz fueron historias de abusos y violaciones, incesto y vergüenza.
Cuando Nata se dio cuenta de que en Flores se hacía muy poco para ayudar a quienes habían sufrido tales violaciones, formó un grupo de mujeres supervivientes "con el objetivo de fortalecerse mutuamente", dijo Imakulata, así como de trabajar por el empoderamiento económico y la educación.
Además de ayudar a formar el grupo y, finalmente, el refugio, Nata se convirtió en una abierta defensora de las mujeres y los niños.
Un refugio para mujeres y niñas gestionado por TRUK F (Equipo Humanitario de Voluntarios de Flores), en la ciudad de Maumere, en el este de Indonesia, fue cofundado por las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo y los Misioneros del Verbo Divino, una orden religiosa masculina. (Foto: GSR/Chris Herlinger)
La presencia del grupo resultó sorprendente en una región socialmente conservadora.
En 2015, TRUK F fue descrito por el periódico en inglés Jakarta Post como "el nombre más temido de la isla de Flores". El medio señaló que a los agentes del orden les costaba aceptar la visibilidad del grupo y la concienciación pública sobre problemas que las autoridades solían ignorar.
Al mismo tiempo, las mujeres acogieron al grupo, viéndolo como un defensor de sus vidas y validando sus experiencias como víctimas y supervivientes de la violencia de género y la trata de personas.
Tal y como señalaba el Jakarta Post, así como TRUK F era temido por las autoridades, "era igualmente querido por las residentes".
Entre ellos se encuentra María Herlina Mbadhi, de 43 años, madre de cuatro hijos, cuyo marido Jodocus, conductor de motocicleta, murió en Borneo en 2024 tras aceptar un trabajo en una plantación de aceite de palma bajo engaño. Para Mbadhi, este fue un claro ejemplo de trata de personas.
Las terribles condiciones de vida —alojamiento precario, escasa comida— probablemente contribuyeron a la muerte de su marido. Tras lo ocurrido, y mientras luchaba por rehacer su vida trabajando como empleada doméstica, el refugio la acogió a ella y a sus cuatro hijos.
Esa hospitalidad marcó la diferencia, al igual que la ayuda de TRUK F para presentar una denuncia por violaciones laborales contra el responsable de la trata, lo que dio lugar a una condena de un año y medio de prisión.
Aunque el caso no se tramitó por cargos de trata, lo que podría haber dado lugar a una pena más severa, supuso una especie de victoria, según Imakulata y Woda, quienes señalaron que las autoridades locales ahora responden mejor a estos casos que en el pasado.
Aun así, el caso puso de relieve las dificultades a las que se enfrentan los residentes de Flores, ya que los grupos de derechos humanos y otras organizaciones consideran que esta isla es un centro de trata debido a sus problemas económicos y a la falta de oportunidades laborales.
"La gente común no tiene poder aquí", dijo Woda.
Esa dinámica, por supuesto, es especialmente grave entre las mujeres.
Indonesia es una sociedad patriarcal, dijo Imakulata, citando, por ejemplo, el persistente sistema de la dote, que impone una carga financiera a las mujeres y sus familias, lo que refuerza la subyugación femenina. Otros problemas se derivan de las tradiciones religiosas patriarcales, tanto católicas como musulmanas, y de una cultura de dominio de los hombres de bebida y juego.
María Mater Amabilis, a la izquierda, miembro desde hace mucho tiempo de un grupo de autoayuda para mujeres dirigido por TRUK F, habla con la Hna. Fransiska Imakulata, de las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, que coordina TRUK F. (Foto: GSR/Chris Herlinger)
Pero defensoras como Imakulata y Woda suelen volver a la economía: la pobreza que genera tensiones y presiones constantes dentro de las familias y también hace que las personas emigren a otros países (como Malasia y Tailandia), lo que a menudo puede dar lugar a la trata de personas.
Una hermana y superviviente
Imakulata, de 35 años, profesora de formación, dijo que su propia experiencia vital ha influido en su ministerio. Se define a sí misma como "superviviente" debido al maltrato doméstico que presenció entre sus padres mientras crecía.
Afirma que eso le permite comprender en cierta medida lo que pueden estar viviendo las supervivientes. "Es como mi misión", expresa.
Esa dedicación significa mucho para un grupo de siete adolescentes supervivientes de la trata o el abuso sexual que hablaron de sus vidas y sus retos en un entorno grupal junto a Woda e Imaulata. (Las jóvenes aceptaron ser entrevistadas a condición de que no se revelara su identidad).
Un santuario informal en las oficinas de TRUK F (Equipo Humanitario Voluntario de Flores), en la ciudad de Maumere, en el este de Indonesia, rinde homenaje a la fundadora del grupo, la ya fallecida Hna. Eustochia Monika Nata, una hermana misionera de las Hermanas Siervas del Espíritu Santo que murió en 2021. (Foto: GSR/Chris Herlinger)
La mayoría se mostraron calladas y reticentes a hablar con detalle sobre sus experiencias, aunque las chicas que fueron víctimas de la trata dijeron que sus familias se enfrentaban a dificultades económicas y que fueron atraídas a trabajar en otras partes del país con la promesa de un buen sueldo.
Todas dijeron que se sentían seguras y cómodas en el refugio y estaban agradecidas de poder continuar sus estudios secundarios como residentes allí.
"Estoy muy contenta de poder quedarme aquí", dijo una víctima de incesto de 17 años, y añadió que la terapia le ha ayudado enormemente, aunque todavía tiene recuerdos recurrentes y no puede dormir sin una luz nocturna: "Es muy duro para mí".
Al relatar sus experiencias con voz tranquila y lágrimas en los ojos, también contó que en su pueblo rural, un chamán de la comunidad la expulsó formalmente en una ceremonia pública.
"Es muy injusto, muy malo", dijo Imakulata sobre el estigma cultural, en particular el temor de que, de alguna manera, pedir ayuda se haga público y avergüence a la familia.
"Pueden sentir que la violencia es normal", agregó.
María Mater Amabilis, de 42 años, miembro desde hace mucho tiempo del grupo de autoayuda del centro, dijo que el simple hecho de ser mujer en Indonesia "puede ser difícil".
"Es un gran esfuerzo salir de una mala situación", apuntó.
"Jesús ayudó a muchas mujeres en su ministerio", dijo el padre Laurens Woda, misionero del Verbo Divino, quien trabaja en un refugio para mujeres y niñas dirigido por TRUK F. (Foto: GSR/Chris Herlinger)
Aun así, con ayuda, supervivientes como Amabilis encuentran formas de abrazar una nueva vida.
Amabilis —que sufría lo que ella describió como un matrimonio abusivo, cuya anulación todavía contempla— dijo que su vida se transformó al conocer a Nata, la fundadora del grupo, y que se siente empoderada como miembro permanente del grupo de autoayuda.
Nata les dice a las mujeres que podrían ser reacias a buscar ayuda —cuenta Amabilis— que su vida ha cambiado y que su fe religiosa también se ha profundizado. "Me siento aceptada y amada. No me siento sola ni abandonada", manifiesta.
El padre Ignasius Ledot, otro sacerdote misionero del Verbo Divino que trabaja en el refugio, dijo que el aumento de testimonios de supervivientes como estos está generando más compasión y conciencia en la sociedad en general sobre la violencia de género.
Ledot señala que las redes sociales, la proximidad a las noticias globales e incluso el proceso sinodal de base dentro de la diócesis local tienen efectos.
"Ha habido un cambio", dijo.
Solidaridad y fuerza como "mujeres nuevas"
Este cambio da ánimos y esperanza a supervivientes como Bota Sao.
Aunque Bota Sao todavía está contemplando la posibilidad de anular su matrimonio, ya no tiene contacto con su marido. Además, ha denunciado ante las autoridades locales los malos tratos físicos que sufría a manos de su marido, quien le propinaba puñetazos en la cara cada semana.
"Era algo constante", recuerda de una vida marcada por el maltrato, pero también por el alcoholismo, el juego y la infidelidad de su marido.
Aunque sus cuatro hijos —dos niños y dos niñas— siguen teniendo un contacto limitado con su padre, afirma que apoyan la separación de sus padres. "Es mejor separarse, mamá, que sufrir", le dijeron, según cuenta.
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¿Y qué les dice Bota Sao, especialmente a sus hijos?: "No hagáis lo que vuestro padre me hizo si tenéis una familia. No peguéis a una mujer. Habéis nacido de una mujer".
Cuando sufría abusos, rezaba el rosario en mitad de la noche. Ahora reza a plena luz del día, pero con la certeza de que las hermanas y los sacerdotes que la han atendido le han "mostrado un nuevo camino".
"Siento fuerza y valor", dice Bota Sao, y lo comparte con las mujeres que acuden a ella en busca de consejo. "Nos damos fuerza unas a otras para hablar con los demás. Somos mujeres nuevas", añade.
Su nueva perspectiva se ve favorecida por una nueva independencia económica, ganada con esfuerzo, al trabajar como empleada doméstica y vender productos de panadería.
Al encontrar una comunidad en la que compartir experiencias y esperanza, Bota Sao dice a otras mujeres que es lamentable que las mujeres en Indonesia "a menudo no sean fuertes, que los hombres a menudo sientan que pueden hacer lo que quieran".
"Como mujeres, tenemos que unirnos para ser fuertes", exhorta.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 19 de febrero de 2026.
