Cristo cargando la cruz, óleo de Hans Multscher, 1437. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque solo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa» (Mateo 10, 37-42).
Jesús llama a los suyos para encomendarles su misión. Pero, al mismo tiempo, les advierte de la exigencia que implica y la disposición total que han de tener para llevarla a cabo. Es así como, en el Evangelio de hoy, señala exigencias radicales y contundentes.
La primera es no poner por delante del seguimiento, el amor a los padres o a los hijos. Por supuesto, Jesús no está despreciando este amor familiar, sino que, precisamente con este contraste, les está mostrando la importancia de la misión encomendada y cómo ella supone la máxima dedicación y generosidad.
Una segunda exigencia es tomar la cruz y seguirlo. En este aspecto, hay que aclarar que Jesús no está pidiendo sacrificio o incluso arriesgar la vida en un sentido de oblación sin causa, como si él quisiera el dolor y la muerte. A pesar de que en ciertos momentos se ha favorecido una espiritualidad del sacrificio, esto se debió a una comprensión errada de la misma cruz de Cristo, una creencia de que Dios ama el dolor al punto de no ahorrárselo a su propio Hijo.
"La centralidad de los pobres en el Reino de Dios siempre será distintivo de auténtico seguimiento": teóloga Consuelo Vélez, comentario #EvangelioDelDomingo, serie #AlPartirElPan
Advertisement
La comprensión actual nos permite entender que la cruz es consecuencia de una vida capaz de denunciar el mal, aunque esto incomode a los que se empeñan en favorecerlo para obtener réditos personales. A Jesús lo matan sus contemporáneos por su profetismo, por su denuncia de todo lo que no era Reino de Dios, así estuviera avalado por las instituciones religiosas de su tiempo.
En ese mismo sentido, Jesús nos llama a no temer ser perseguidos por causa del bien, como lo dijo en el sermón del monte (Mt 5, 11). Tomar la cruz es seguirle con fidelidad sin traicionar el mensaje del Reino.
Precisamente una vida fiel al seguimiento es la que puede convocar a otros a reconocer a Jesús y recibirlo. De esa manera ellos también recibirán el don de Dios para sus vidas, multiplicándose así la bondad y el bien en la historia que vivimos.
Finaliza el Evangelio con la referencia a dar de beber agua a uno de los pequeños, por ser su discípulo. Esto recuerda que la centralidad de los pobres en el Reino de Dios siempre será distintivo de auténtico seguimiento.
Ojalá Jesús encuentre en nosotros la disposición a seguirle con radicalidad. De esa manera, muchos otros podrán descubrirle y los frutos del Reino se darán en abundancia.
