Cristo enseñando en Cafarnaúm, óleo sobre lienzo de Maurycy Gottlieb, 1878-1879. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«En esa oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana"» (Mateo 11, 25-30).
En el capítulo anterior al Evangelio de Mateo que hoy consideramos, Jesús ha maldecido a las ciudades de Tiro, Betsaida y Cafarnaúm porque no abren el corazón a todas las obras que allí se han hecho. Por esto, la oración que Jesús dirige al Padre en este capítulo muestra profundamente el contraste entre los que podrían haber entendido el mensaje del Reino y los que, en verdad, lo entienden, que son los pequeños. Los sabios y prudentes representan a los escribas y fariseos que se glorían de conocer la ley y practicarla y que, sin embargo, no logran entender lo que Jesús anuncia.
En la segunda parte de este pasaje Jesús muestra la relación que mantiene con el Padre y la razón por la que Él está manifestando su voluntad. Jesús realmente lo conoce, y por eso lo está revelando con sus palabras y obras.
Jesús contrapone la autosuficiencia de los "sabios y prudentes" con la apertura de las personas sencillas, afirma la teóloga laica Consuelo Vélez en su comentario al Evangelio del domingo para la serie #AlPartirElPan
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Aunque con estas palabras del texto: "por haber ocultado estas cosas a los sabios y prudentes", pareciera que Jesús da a entender que es Dios mismo quien no permite que los destinatarios entiendan, en realidad son estos últimos quienes se niegan a escuchar y, por consiguiente, a entender.
Jesús lo que está expresando es la necesidad de apertura de los oyentes para que comprendan las palabras. Pero, si no lo hacen, el mensaje permanece cerrado para ellos.
El Evangelio de hoy finaliza con unas palabras de Jesús a todos aquellos que lo están escuchando, a quienes invita a llegar a Él con sus aflicciones y agobios, prometiéndoles que los aliviará. También les propone cargar su yugo para que se den cuenta cómo es un yugo suave, una carga ligera. Aquí también se nota la referencia implícita a los fariseos de los que Mateo va a decir: "Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas" (Mt 23, 4). Si los fariseos cargan yugos pesados a la gente, Jesús ofrece palabras de alivio, de fortaleza, de amor.
Pidamos, en este día, tener la suficiente sencillez y apertura de corazón para entender al Padre que nos revela Jesús y para no temer llegar a Él con toda nuestra realidad, con la confianza profunda en el alivio que Él nos da, uniéndonos a su misma misión para que su vida divina pueda llegar a todos, especialmente a los más necesitados.
