Las santas mujeres ante el sepulcro de Cristo, óleo de Annibale Carracci, aproximadamente en 1598. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos» (Jn 20, 1-9).
Hemos llegado al momento culmen del misterio pascual y, como decía Pablo a los Corintios: "Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe" (1 Cor 15, 14). Por eso, los textos de la resurrección de Jesús son imprescindibles para mostrar el sentido de nuestra fe.
"Todos los gestos de vida, lucha por la justicia, esperanza inquebrantable, misericordia infinita, son expresión de la resurrección de Jesús que se hace presente entre nosotros": teóloga Consuelo Vélez sobre el Domingo de Resurrección
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Ahora bien, la experiencia de resurrección se da a través de signos. En el texto de hoy, el signo es la tumba vacía, vista primero por María Magdalena y después por Pedro y el otro discípulo. También son signos los lienzos tendidos y el sudario con los que habían cubierto la cabeza de Jesús. Pero no es fácil creer en ellos.
María Magdalena no entra al sepulcro, sino que corre hasta donde están Pedro y el otro discípulo y, cuando ellos llegan, el otro discípulo se queda a la entrada y será Pedro el que entre y vea los signos. Sin embargo, el texto nos dice que será el otro discípulo el que, viendo los signos, crea. El texto aclara que todavía no habían entendido la Escritura que ya anunciaba la resurrección de Jesús entre los muertos.
Este Evangelio nos invita también a nosotros a creer en los signos que nos muestran la resurrección de Jesús. Todos los gestos de vida, de lucha por la justicia, de esperanza inquebrantable, de misericordia infinita, son expresión de la resurrección de Jesús que se hace presente entre nosotros. Pero hace falta más creyentes y más compromiso con la transformación de la realidad para que los signos del Reino puedan llegar a todos.
Creamos en la vida que nos trae el Resucitado y ayudemos a que ella florezca en todas las realidades que dependen de nosotros. Estamos urgidos de vida plena que contrarreste tanta guerra y atropello contra la dignidad de las personas, especialmente, de los más pobres. Mostremos con signos de vida que Cristo ha resucitado y vive entre nosotros.
