Parábola del tesoro escondido, óleo sobre lienzo de Domenico Fetti, ca. 1618-1622. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«"El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron. Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo"» (Mateo 13, 44-52).
En este domingo Mateo nos ofrece tres parábolas que nos dicen a qué se parece el Reino de los Cielos. Las dos primeras son muy parecidas. Se refieren al hombre que encuentra un tesoro y vende todo para comprar aquel campo y a un negociante de perlas finas que al encontrar una de gran valor, también vende todo para comprar aquella perla. El mensaje se refiere al valor absoluto, definitivo y pleno del Reino, por lo que todo lo demás se puede dejar de lado porque no tiene ningún valor frente al Reino de Dios.
Seguir a Jesús no consiste en asumir prácticas religiosas, sino en descubrir el valor del Reino y decidirse a vivirlo plenamente, reflexiona la teóloga Consuelo Vélez en su comentario al #EvangelioDelDomingo #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
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La vida cristiana consiste en este descubrir el valor del proyecto de Dios y decidirse a vivirlo plenamente. Corresponde a una experiencia de conversión. El término ‘conversión’ significa ‘darse la vuelta’, es decir, es la “determinada determinación”, como decía santa Teresa de Jesús, de dejar el camino que se llevaba para emprender el seguimiento fiel de nuestro Señor Jesucristo. El Reino, por tanto, no es asumir algunas prácticas religiosas sino un verdadero cambio de vida y orientación hacia lo definitivo, lo que realmente vale la pena.
La tercera parábola de la red que se lanza y recoge toda clase de peces es muy parecida a la parábola del trigo y la cizaña que comentamos el domingo pasado. También aquí la red agarra toda clase de peces, y cuando estén en tierra los pescadores sacarán los buenos y tiran los que no sirven. La novedad de este relato es que se explicita la dimensión escatológica del Reino, refiriéndose a los ángeles que vendrán al final de mundo y serán ellos los que separen a los justos de los malos. A estos últimos los arrojarán al horno ardiente. Esta figura del fuego, utilizada para referirse al infierno en la tradición eclesial, ha de entenderse según la lógica judía que arroja al fuego aquello que no sirve. Por tanto, no se refiere a un lugar donde Dios castigara a los malos, sino una afirmación de lo inútil e inservible que se vuelve una vida sin Dios.
Es curiosa la afirmación final del texto de un escriba convertido en discípulo, lo cual debe referirse a uno de los, tal vez, pocos escribas que acogen el mensaje de Jesús y le siguen. Pero el texto añade que este discípulo saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo. Muy posiblemente significa la novedad que supone el Reino, pero también el valor que tiene la tradición judía y que él bien conoce, tradición que ha preparado la llegada de Jesús y que bien interpretada conduce al discipulado.
