La Hna. Shuly Rozario posa para una foto en la Casa Provincial de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada, en Daca (Bangladés), el 26 de marzo de 2026. (Foto: Sumon Corraya)
La hermana Shuly Pascalina Rozario, de 48 años, miembro de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada, creció en la parroquia de Banpara, en el norte de Bangladés, donde el testimonio de las hermanas forjó silenciosamente su vocación. Se incorporó a la congregación e hizo su primera profesión el 8 de febrero de 2002.
Tras casi una década dedicada a la enseñanza y la formación en Italia y Bangladés, seguida de un breve periodo de ministerio parroquial, Rozario fue enviada como misionera a Brasil en enero de 2022. En la actualidad, presta servicio en la parroquia de San Sebastián de Parintins, una localidad cercana al río Amazonas.
Para Rosario —quien señaló la rave crisis de vocaciones religiosas—, se necesitan muchos más misioneros en el extranjero.
“Hay menos sacerdotes y religiosas, y menos personas que se ocupen de la vida espiritual de las comunidades”, afirma, y añade que se están realizando esfuerzos para fomentar las vocaciones locales.
En una reciente visita a Bangladés, habló con Global Sisters Report (GSR) sobre su labor pastoral, sus retos y sus esperanzas.
La Hna. Shuly Rozario, misionera bangladesí en #Brasil, acompaña a familias rotas y adolescentes en riesgo junto al Amazonas. "Escuchar es a veces más importante que hablar", dice sobre su ministerio #GSRenEspañol #HermanasCatólicas
GSR: Trabaja en una parroquia cerca del Amazonas, ¿cómo es su ministerio pastoral en el día a día?
Rozario: Ejerzo de coordinadora a nivel parroquial. Nuestra parroquia agrupa a 20 pequeñas comunidades cristianas, y gran parte de mi trabajo se centra en niños y adolescentes de entre 2 y 14 años. Imparto catequesis y educación religiosa utilizando materiales elaborados por la parroquia. Además de la formación en la fe, también ofrecemos educación moral, actividades artísticas como la pintura, y deportes, que ayudan a los niños a sentirse integrados y seguros.
Otra parte importante de mi ministerio consiste en visitar a las familias y llevar la comunión a los enfermos en sus hogares. Cada vez que los jóvenes organizan programas o actividades, me invitan a acompañarlos y a ofrecerles apoyo. Muchas personas también acuden a mí en busca de asesoramiento. Si alguien está pasando por dificultades y pide ayuda, intento escucharle, animarle y, cuando es necesario, orientarle hacia otros recursos de apoyo. Mi labor pastoral se centra profundamente en estar presente junto a los niños, los adolescentes y las familias en situaciones vulnerables.
En su ministerio hace hincapié en la escucha, ¿por qué es tan importante escuchar?
Escuchar es esencial, sobre todo en Brasil, que es una sociedad muy grande y dinámica. Muchas familias son frágiles o están desestructuradas, y la gente suele sentirse sola. Las personas mayores y los enfermos, en particular, sufren por la falta de cuidados y atención. En las familias desestructuradas, los niños pueden vivir a veces con la madre y otras con el padre, rodeados de conflictos y desacuerdos. Estos niños crecen cargando con profundas heridas emocionales y sentimientos de inferioridad.
Hna. Shuly Rozario de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada. (Foto: cortesía de Shuly Rozario)
A menudo, no hay nadie a quien puedan expresar su dolor. En el trabajo pastoral, escuchar es a veces más importante que hablar. Muchas personas ni siquiera esperan un consejo; simplemente necesitan que alguien las escuche. Cuando escucho con paciencia, empiezan a abrir sus corazones. Solo hablo cuando es necesario, ofreciendo palabras de consuelo o una sencilla orientación. Esto les hace sentir más aliviados, como si alguien hubiera compartido su carga.
Lo observo especialmente entre los adolescentes. Crecen en una sociedad muy libre, y esa libertad a veces los lleva a situaciones difíciles. Cuando surgen problemas, se distancian de sus familias y de la Iglesia, y algunos recurren a las drogas. Después de escucharlos con atención, intento ofrecerles sugerencias amables o ponerles en contacto con personas que puedan ayudarles. De esta manera, algunos jóvenes van encontrando poco a poco un rumbo y la sanación.
¿Por qué cree que el acompañamiento espiritual es tan necesario para las familias en el Brasil actual?
Muchas personas se identifican como cristianas, pero a menudo no practican su fe de forma profunda. Hay una grave escasez de sacerdotes y religiosas, y en algunas zonas remotas la gente puede asistir a misa solo una o dos veces al año. Algunas comunidades pasan meses sin escuchar la proclamación del Evangelio.
Como la formación en la fe es débil, la vida familiar también es frágil. Los niños van y vienen entre las casas de sus padres y, cuando tienen entre 12 y 14 años, muchos comienzan relaciones sentimentales. También hay una fuerte reticencia a casarse por la Iglesia. En mis cuatro años de experiencia, no he visto a ninguna pareja joven casarse por la Iglesia antes de ir a vivir juntos. Muchas parejas conviven durante décadas, crían a sus hijos y solo más tarde buscan la bendición de la Iglesia.
Se valora mucho la independencia, pero a menudo conduce a la separación en lugar de a la reconciliación. Cuando las relaciones se complican, la gente simplemente se aleja. En este contexto, se necesita urgentemente un acompañamiento espiritual para ayudar a las familias a redescubrir la fe, el compromiso y el perdón.
"Cuando no podía comunicarme, me sentía desamparada. Hoy, esas mismas personas me consideran cercana": Hna. Shuly Rozario sobre llegar a un país desconocido y ganarse la confianza de la gente #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #Brasil
Como misionera de Bangladés en Brasil, ¿qué tipo de testimonio pretende dar con su vida?
No vine a Brasil en mi propio nombre, sino como representante de la Iglesia católica de Bangladés. Intento dar lo mejor de mí y dar testimonio a través del amor. Al igual que Jesús me ha amado, quiero reflejar ese amor a través de mis palabras, acciones y comportamiento. Cuando me encuentro con personas, intento saludarlas con una sonrisa, incluso a aquellas que sufren profundamente. La alegría y la amabilidad abren los corazones.
Brasil era un país nuevo para usted, ¿cómo se sintió al ir allí como misionera y a qué retos se enfrentó?
Al principio, no me gustó nada. Todo era nuevo para mí: la comida, la ropa, la cultura, el clima y el modo de vida. Me sentí como una niña pequeña otra vez. El idioma se convirtió en mi mayor reto. Cuando no podía comunicarme, me sentía desamparada, casi como si fuera muda. Lloré mucho al principio porque no conocía a nadie y nadie hablaba inglés. Las hermanas me animaron a centrarme únicamente en aprender portugués, por lo que incluso me desaconsejaron hablar italiano. Para las necesidades básicas, tenía que recurrir a los gestos.
Hubo momentos en los que quería volver a Bangladés. Entonces me di cuenta de que las hermanas más veteranas habían confiado en mí para esta misión y se habían sacrificado para enviarme. Ser consciente de ello me dio fuerzas. Poco a poco empecé a pasar tiempo con los niños en la escuela, escuchando y observando. Más tarde, me asignaron una tutora de idiomas.
Los retos físicos también fueron importantes. Parintins está cerca de la selva amazónica, con temperaturas que alcanzan los 40 a 45 grados Celsius. Hay insectos por todas partes y sufro alergias causadas por ellos. Aun así, veo todas estas dificultades como parte de llevar la cruz con Cristo.
Hoy, las mismas personas que antes no podían hablar conmigo ahora me consideran cercana a sus corazones. Su amor es la alegría de mi resurrección. Si no hubiera soportado el sufrimiento, no habría experimentado esta alegría.
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¿Cómo apoyan los laicos en Brasil a la Iglesia local?
Los fieles laicos son muy generosos y participan activamente. A diferencia de Bangladés, donde los sacerdotes suelen cubrir la mayor parte de los gastos parroquiales, en Brasil los párrocos suelen sentarse con la gente y tomar decisiones juntos. Cuando se necesitan proyectos de infraestructura, la comunidad asume gran parte de la responsabilidad.
Muchos catequistas incluso pagan sus propios estudios para poder enseñar mejor la fe a la próxima generación. Este sentido de la implicación y el servicio me conmueve profundamente y fortalece a la Iglesia local.
La adicción a las drogas y la fragilidad de las familias son retos importantes, ¿qué iniciativas existen para abordar estos problemas?
El Gobierno cuenta con programas para tratar la adicción a las drogas, pero el seguimiento suele ser deficiente y la magnitud del problema es abrumadora. La trata de personas, especialmente la que afecta a mujeres y niños, es otra grave preocupación.
Dentro de la Iglesia, redes de laicos, sacerdotes y religiosas colaboran para responder rápidamente cuando se detectan casos. Cuando alguien tiene noticia de un niño en situación de riesgo, avisa a la red para que se puedan tomar medidas inmediatas para proteger y apoyar a los afectados. No es suficiente, pero es un signo de esperanza.
Hoy en día, las misioneras se desplazan entre Bangladés y Brasil, ¿qué significa para ti este intercambio?
En la comunidad donde vivo hay hermanas de Italia, Bangladés y Brasil. Dos hermanas Pime [Hermanas Misioneras de la Inmaculada] de Bangladés prestan servicio en otras partes de Brasil, junto con sacerdotes Pime y javerianos de Bangladés. Al mismo tiempo, dos hermanas misioneras brasileñas prestan servicio en Bangladés. Esto ha creado un hermoso puente entre nuestros países.
Existe un intercambio mutuo de cultura y fe. En ocasiones especiales, me pongo un sari y preparo comida bangladesí, algo que la gente aprecia mucho. Me enorgullece compartir mi cultura.
Para mí, este intercambio es también una señal de que la Iglesia en Bangladés ha madurado. En su día, las misioneras vinieron a sembrar las semillas de la fe en nuestra tierra. Ahora esas semillas se han convertido en árboles que dan fruto. Con más de 50 misioneras bangladesíes que prestan servicio en el extranjero, ya no nos limitamos a recibir; también damos. Estoy profundamente agradecida a las misioneras que nos precedieron, porque sin ellas no entenderíamos hoy lo que realmente significa ser enviados.
Nota: Este artículo fue publicado originalmengte en inglés el 16 de junio de 2026.
