(Gráfico: GSR/Olivia Bardo)
Mónica Zeballos considera que su experiencia en la vida religiosa tuvo un buen final. Después de discernir que esa no era su vocación, dejó la comunidad de hermanas que había formado parte de su vida durante tres años en Perú en los mejores términos. Al salir se quedó sin hogar y sin trabajo, y su familia la ayudó a sobrevivir, al darle cobijo y comida. Sin embargo, no todas o todos los que salen de la vida religiosa tienen la misma suerte. "Una vez que sales [de la vida religiosa], pues estás sin nada", dijo.
Es diferente cuando eres joven y novicia y puedes empezar de nuevo, dijo Zeballos. Pero ese no fue el caso con algunas religiosas que vio salir de las comunidades, incluidas algunas que habían tomado votos perpetuos y habían sido hermanas durante décadas.
"Algunas personas que salen dicen: 'Yo me quiero ir, así que chao, yo me voy'", dijo Zeballos. “Pero hay otras que no salen así. Salen porque se les dice que se tienen que ir. Entonces esas son las más difíciles, porque no lo entienden y preguntan: '¿Por qué me tengo que ir?'. Entonces, es muy duro", apunta.
Ese fue el caso con Hortensia López Almán. A sus 40 años, y tras 20 como carmelita descalza en España, dice: "Me presionaron para que me secularizara". El proceso finalizó en 2015. López afirmó que al igual que a algunas personas —a quienes se les obliga irse de la vida consagrada tras décadas— ella fue víctima de abuso de autoridad y se sintió abandonada por aquellos en quienes confiaba.
Todavía con el hábito que había llevado durante décadas, se marchó. López dijo que su único plan en la vida era seguir su profunda vocación espiritual y, sin embargo, se encontró sola, sin trabajo y sin un plan sobre cómo seguir adelante.
Una foto sin fecha muestra a sor Hortensia López Almán en sus días como carmelita descalza en España. Tras más de 20 años en la orden, López afirma que una priora la presionó para que se secularizara en 2015. (Foto: cortesía Hortensia López Almán)
Eso es algo que ella no quiere que experimenten mujeres o hombres que han dejado la vida religiosa, voluntariamente o no, dijo, y eso la llevó a fundar en 2023 la Asociación Extramuros en España. La organización trata de acompañar a mujeres y hombres que fueron religiosos y se vieron obligados a dejar la vida consagrada en circunstancias adversas. López dijo que su experiencia —de dolor, injusticia, una a la que tuvo que adaptarse rápidamente — dio forma al trabajo que trata de promover en Extramuros.
"Estuve en una profunda depresión durante dos años. Fue difícil adaptarme a un mundo que no conocía. Había estado en un claustro durante 20 años", relató.
Vivir en un claustro significa normalmente que las monjas no salen del convento sin el permiso de una superiora, y cuando lo hacen, es por motivos limitados.
Cuando López buscó la santidad en el silencio a finales de la década de 1990, España todavía utilizaba la peseta como moneda nacional. Nadie usaba el teléfono móvil. Cuando ella salió del convento en 2014, España había adoptado el euro, y se había producido un cambio tecnológico monumental.
"No sabía manejar un móvil, no sabía manejar un ordenador, ni el internet ni nada", expresó.
Para ella fue difícil entrar en ese mundo de tanto ruido y cambio después de estar rodeada durante tanto tiempo por monjas y una amplitud de silencio, dijo.
"Todo ese rato era de ansiedad y depresión", un proceso que se intensificó cuando, varios meses después de su partida, aceptó que no regresaría a un convento y dejó de llevar el hábito.
"Es como que te despojas de algo, como que te arrancaran la piel, porque yo no me lo quité voluntariamente; me lo arrancaron", dijo López.
Por mucho que otros quieran ayudar, hay algo sobre la experiencia que solo pueden entender aquellos a quienes se les ha arrebatado la vida consagrada, manifestó. Y cuando ex miembros de la vida religiosa comienzan este doloroso viaje, aquellos que han sentido el dolor, como López, quieren estar ahí para apoyarlos.
"No hace falta que demos mil explicaciones; con dos palabras que digamos ya nos entendemos, porque lo hemos vivido", expresó.
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Por su parte, Katian Luna, originaria de México, afirmó que aunque para algunos dejar la vida religiosa no sea traumático, las personas que se van se sienten perdidas. Después de siete años en una comunidad religiosa en Estados Unidos, en esta 'se decidió' que ella no iba a continuar. Aunque aún no había tomado votos perpetuos, Luna dijo que "tenía mucho miedo", y que pensó: "¿Qué voy a hacer afuera?".
Sentir que Dios te llama y descubrir que una comunidad ha decidido que eso no va a ser así es un cambio al que hay que adaptarse, apuntó. Pero las preocupaciones inmediatas son las relacionadas con la supervivencia material.
Aunque el Código de Derecho Canónico expresa que "quienes legítimamente salgan de un instituto religioso o hayan sido expulsados de él, no tienen derecho a exigir nada por cualquier tipo de prestación realizada en él", en el mismo código se anima al "instituto" a "observar la equidad y la caridad evangélica con el miembro que se separe de él".
En el caso de Luna, la comunidad accedió a darle una pequeña ayuda económica para ayudarle a sobrevivir durante un tiempo y se le proporcionó una lista de lugares donde podía vivir. No fue fácil reiniciar su vida a los 30 años. Los pocos amigos que tenía de la universidad la ayudaron a reconstruir su vida prácticamente desde cero, pero le llevó mucho tiempo, tanto psicológica como espiritual y materialmente, afirmó.
Si pudiera dar un consejo a la Iglesia, sería que se le dé —a quienes se han ido o a quienes se les ha pedido que se vayan— una ayuda con el alojamiento y un apoyo religioso, espiritual y psicológico para reorganizarse, un proceso que permita a las personas a seguir adelante después de dejar una vida a la que sentían que habían sido llamados.
Eso es exactamente lo que Extramuros está tratando de hacer, dijo López.
Una foto sin fecha muestra a Hortensia López Almán, de la Asociación Extramuros en España. La organización busca ayudar a mujeres y hombres obligados a abandonar la vida consagrada a rehacer sus vidas. (Foto: cortesía Hortensia López Almán)
En 2023, el papa Francisco escribió a la organización una carta de agradecimiento por su trabajo y su valentía. Algunos obispos también han expresado su apoyo.
Extramuros ha ampliado su ayuda —principalmente escuchando, dando apoyo moral y asesoramiento— más allá de España, atendiendo a exreligiosos y exreligiosas en México y otras partes de América Latina. El trabajo conlleva frustraciones, con acusaciones de algunos que tildan al grupo de traidores o de intentar dañar a la Iglesia, dijo López.
"No estamos en contra de la Iglesia", dijo y agregó: "La vida consagrada deja huellas profundas de entrega y servicio. Sin embargo, la transición a la vida civil y al mundo laboral no siempre es sencilla".
Luna dijo que le dio tristeza leer una noticia sobre unos casos de religiosas que prestaban servicio en Europa y a las que sus superioras les habían confiscado el pasaporte. Las mujeres fueron expulsadas de sus conventos y sin documentos, apoyo o trabajo, no vieron otra opción y se dedicaron a la prostitución para sobrevivir. Es un caso extremo, pero hay que hacer algo para ayudar a personas que enfrentan estas situaciones, afirmó.
"Fueron mujeres que dedicaron mucho tiempo de su vida, muchos años, precisamente a un instituto religioso, a una misión", afirmó y añadió: "Y cuando salieron, no tenían ningún recurso, nada ni nadie que las ayudara".
A quienes se encuentran en esa complicada situación, les diría que es normal sentirse enojadas, porque es difícil entender por qué se les ha obligado abandonar algo que definía tan profundamente sus vidas, expresó Luna, quien insta a los demás a que les ayuden.
Después de todo lo que pasó, ninguna dice que la experiencia afectó negativamente su relación con Dios, ni su fe. López, quien sigue enamorada de santa Teresa de Ávila, cuyos pasos la instó a seguir la vida religiosa, dijo que siente que fue la institución la que le falló.
"La fe no la he perdido", expresó López y agregó: "Tuve mucha crisis… estaba muy enfada con Dios… pero yo les digo a todos: 'No dejes que la vida religiosa te quite lo que no te ha dado. La fe no te la dio, la fe tú la llevabas al convento'".
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 2 de febrero de 2026.
