Personas transportan contenedores de agua en La Habana, Cuba, el 3 de junio de 2026. (Foto: AP/Ramón Espinosa)
Un grupo de hermanas de La Habana advirtió a los sacerdotes de Cuba, a comienzos de junio, que la falta de electricidad, agravada por la escasez de combustible, está dificultando su ministerio y amenaza la producción de hostias para las parroquias.
¿Cuánto durarán las reservas de combustible si Estados Unidos (EE. UU.) sigue impidiendo que llegue a la isla? Es una pregunta que comienza a inquietar a algunas comunidades religiosas.
"Las reservas restantes se racionarán para que haya suficiente para todos", escribieron las Carmelitas Descalzas de La Habana a los sacerdotes en un mensaje facilitado a Global Sisters Report (GSR) el 3 de junio. Utilizando una máquina que funciona con electricidad, las hermanas contemplativas producen hostias —pan sin levadura consagrado por los sacerdotes en la misa— para todas las parroquias de la isla.
El combustible es uno de los muchos productos esenciales cuya entrada en Cuba está impidiendo Estados Unidos en su intento de doblegar al Gobierno y provocar un cambio de régimen, a pesar de que los cubanos de a pie, entre los que se incluyen las monjas y las religiosas que prestan servicio en misiones allí, sufren las consecuencias.
"La vida cotidiana de los cubanos se ha convertido en un reto y, como religiosas, nos vemos inmersas en esa dinámica de la lucha por la comida y la escasez de lo necesario para llevar a cabo nuestra misión", declaró a GSR el 1 de junio la hermana Noemy Ayala, una carmelita de San José radicada en La Habana.
Las comunidades religiosas que no han podido conseguir lo básico para continuar su labor misionera se han marchado definitivamente, afirmó el obispo Arturo González Amador, presidente de la Conferencia Episcopal Cubana, en una entrevista concedida el 20 de mayo a Aid to the Church in Need (ACN). No especificó cuántas se han marchado.
La escasez de alimentos, agua, combustible y medicinas —junto con la amenaza de guerra— ha llevado a Cuba a su "momento más triste", afirmó.
"Cuba está sufriendo", dijo González, al describir una isla en la que los únicos que se quedan son aquellos que no pueden marcharse y donde algunos se desmayan durante la misa por el hambre. Es una situación tan grave que una persona que necesita atención médica, incluida una intervención quirúrgica, tiene que procurarse sus propios materiales —analgésicos, hilo de sutura y aguja— antes de acudir al hospital, explicó.
En muchos países la misión de los consagrados se mide por proyectos o construcciones, pero en Cuba el indicador es la presencia. "Como religiosa con la tarea de evangelizar, mayormente soy evangelizada. Cuba me ha obligado a despojarme de las seguridades materiales para centrarme en lo esencial del Evangelio. Me hace confiar más en la providencia de Dios", manifestó Ayala.
"Para una religiosa, vivir en #Cuba hoy en día significa sortear y afrontar una serie de retos estructurales y económicos que requieren una enorme capacidad de adaptación y resiliencia": Hna. Noemy Ayala, #CarmelitasDescalzas
Aunque los cubanos llevan décadas sufriendo limitaciones materiales debido a las sanciones de EE. UU. y a la mala gestión económica, la destitución en enero de Nicolás Maduro en Venezuela —cuyo Gobierno había suministrado durante mucho tiempo a la isla petróleo subvencionado y otros productos de primera necesidad— sumió a la isla en una situación de angustia sin precedentes este año. Hay quien dice que la crisis actual es mucho peor que el ‘período especial’ de Cuba, una crisis económica de la década de 1990 provocada por el colapso de la Unión Soviética, que causó hambre y muerte generalizadas en la isla.
Ni siquiera China y Rusia, que tienen intereses estratégicos en la isla debido a su proximidad a EE. UU., han podido ayudar.
El New York Times informó el 28 de mayo que un petrolero ruso que parecía dirigirse a Cuba cambió de rumbo, frustrando las esperanzas de los grupos humanitarios que esperaban combustible para poder distribuir alimentos por toda la isla.
Cuba es un país comunista. Su constitución garantiza la libertad religiosa, aunque sus líderes restringen algunas prácticas religiosas. Aproximadamente el 60 % de los 11 millones de habitantes del país son católicos.
La gente hace cola, el 26 de enero de 2026, para entrar en una sucursal bancaria en La Habana, Cuba, mientras cubanos de distintos sectores de la sociedad sortean apagones aparentemente interminables y precios disparados de los alimentos, el combustible y el transporte, en medio de un aumento de la presión de EE. UU. sobre la nación gobernada por los comunistas. (Foto: OSV News/Reuters/Norlys Pérez)
Ayala, cuya comunidad de tres religiosas atiende a niños y ancianos, dijo que aunque pueden ofrecer amor, esperanza y un poco de comida, no pueden hacerlo si los niños no pueden llegar a su guardería porque no hay transporte ni agua. La electricidad, que las hermanas utilizan para bombear agua potable, va y viene de forma aleatoria.
"Tenemos que vivir con la incertidumbre de que la luz pueda fallar en cualquier momento… y cuando lo hace, nos quedamos sin agua porque la bomba no puede ponerse en marcha", dijo y agregó: "Para una religiosa, vivir en Cuba hoy en día significa sortear y afrontar una serie de retos estructurales y económicos que requieren una enorme capacidad de adaptación y resiliencia. Estos retos no son solo materiales, sino que también ocupan gran parte de la carga mental y el tiempo de las personas".
Antes de que una persona en la isla pueda conseguir comida, primero tiene que encontrar transporte, pero también contactos para obtener lo necesario, dijo. Y no todo el mundo tiene acceso a eso.
"Hay personas que llegan diciendo que llevan días sin comer y que no saben a quién acudir. Los alimentos no se pueden conservar debido a la falta de electricidad, y últimamente se han producido frecuentes desmayos durante las misas porque mucha gente no ha comido", explicó González a ACN. "Todo es una lucha por la supervivencia. El presente es precario, el futuro totalmente incierto", apuntó.
La gente camina por las calles de La Habana, Cuba, el 30 de enero de 2026. (Foto: OSV News/Reuters/Norlys Pérez)
A finales del año pasado, Alena Douhan, relatora especial del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, instó a EE. UU. a levantar las sanciones contra Cuba, al afirmar que la continuación de esa política tendría un alto coste humanitario.
La crisis ha afectado más duramente a los pobres, a los ancianos que viven solos, a los jubilados y a las madres solteras, señaló González. Y también ha afectado a la vida de los feligreses.
La Vigilia Pascual, por ejemplo, tuvo que trasladarse a la franja diurna, no solo por la falta de electricidad, sino también por el temor a robos y atracos a los feligreses de camino a casa, explicó González en la entrevista.
Los cubanos comunes y corrientes temen encontrarse hambrientos, débiles e indefensos en medio de un conflicto violento que podría estallar en cualquier momento entre EE. UU. y el régimen que controla la isla desde 1959.
"Reina el miedo", dijo González. "El miedo a la guerra es tremendo; forma parte de las preocupaciones diarias de mucha gente… se habla constantemente de ello, lo que causa angustia, especialmente entre los niños y los ancianos. En la calle se oye: 'No podemos soportar más este sufrimiento, y no tenemos a nadie a quien recurrir'", añadió.
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EE. UU. acusó recientemente al expresidente cubano Raúl Castro de asesinato y otros delitos por el derribo en 1996 de dos aviones entre Cuba y Florida, y, según se informa, miembros del ejército estadounidense se reunieron con sus homólogos cubanos a finales de mayo, lo que ha desatado especulaciones sobre una invasión.
Muchas organizaciones de la Iglesia católica, incluidas las congregaciones religiosas, han dicho a los cubanos que se quedarán pase lo que pase. A pesar de que los recursos se agotan, las comunidades religiosas que gestionan comedores sociales, por ejemplo, han ido encontrando formas creativas de alimentar a los hambrientos a medida que aumenta la necesidad, dijo González.
"Lo que queda es un país cada vez más envejecido, en el que solo quedan personas mayores, sin recursos y con pensiones mínimas. La tarea de la Iglesia es mantener vivo el espíritu, dar esperanza donde no la hay, escuchar y acompañar", añadió.
Para religiosas como Ayala, esa tarea implica vivir el día momento a momento, apoyándose en la oración y la fe.
"Así son nuestros días, llenos de la angustia y la desesperación de la gente, y ahí es donde nuestra misión se convierte en un acto constante de escucha y de angustia compartida", dijo. "Pero, sobre todo, lo más importante es que sentimos el poder de la oración de muchas personas, tanto dentro como fuera de la isla, que nos acompañan. Gracias, gracias, gracias", apuntó.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 10 de junio de 2026.
